Nº 1132 -  19 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Periodistas en paro, “la guerra” ha terminado

Marcello
 

La crisis ha enseñado el verdadero rostro de muchas empresas y, especialmente, las del mundo editorial de la información de donde cientos, puede que miles, de periodistas han sido despedidos con ERES baratos y las más variadas excusas, desde la crisis editorial de la publicidad, el cambio tecnológico, o la simple oportunidad de usar la crisis como una excusa para abaratar costes, facilitar los despidos y mejorar los beneficios y la rentabilidad de los dueños de las empresas de comunicación. Y qué decir del argumento más infame de “la mayor edad”, que Juan Luis Cebrián ha situado en los 50 años, en la plenitud profesional, como argumento para los despidos en la Redacción de El País.

Hoy son muchos los periodistas que están sin trabajo, viviendo del paro o de sus familias, o de chapuzas, o en los gabinetes de prensa, imagen y comunicación, o simplemente chateando o haciendo blogs, poco o nada rentables, en internet. Son cientos, puede que miles, de nuestros compañeros. Los que, antes, se han integrado con mayor o menor devoción en las naves ideológicas de los distintos grupos de comunicación, puestas al servicio de éste o aquel poder, partido o ideología, perdiéndose así el sentido de la independencia, la libertad y la verdad. En suma de la digna e imprescindible función de contrapoder que en toda democracia, que se precie de serlo, se le aplica a los medios de comunicación.

En España, estos objetivos democráticos de los medios se fueron pudriendo y desbordando por los intereses creados, cuando pasó el tiempo libre y apasionante del inicio de la transición. Hasta el punto que los nuevos centros de poder mediático jugaron a educar a los lectores, sus espectadores y radioyentes -de cualquier diario, televisión o radio-, a escuchar sólo lo que les gusta, o a elegir el medio de su entorno ideológico y social, y leer, ver y oír sólo lo que ya venía marcado por una orientación partidaria, ideológica o económicamente marcada. Y todo ello en lugar de un periodismo independiente y profesional, que separase bien la información y la opinión, y que permitiera contar al público, a la ciudadanía, lo que pasa, lo más cercano a la verdad y a la realidad, para que luego los ciudadanos, ayudados con una oferta plural de información y de opinión, pudieran decidir por sí mismos y construir su criterio.

El deterioro de los medios de comunicación y del periodismo en general no es solo por la crisis y las nuevas tecnologías del mundo global en el que vivimos, y a las que hemos de adaptarnos con la ayuda de las nuevas y maravillosas herramientas que disponemos y en esa inagotable plataforma y universo que es Internet. Pero es hora que, en España, la que fue una larga e inútil guerra política e ideológica, puesta al servicio de intereses privados y poderes muy concretos, entre grupos de comunicación, los medios y también los profesionales, esa “guerra” se acabe de una vez para siempre, en pos de un tiempo nuevo moderno, plural y abierto a la mejor información.

Sobre todo en estos momentos decisivos del país en los que hace falta una auténtica refundación o una reforma democrática -nada de eso que los políticos llaman “regeneración” que conduce a más de lo mismo para que todo siga como está-, en la que los medios y los profesionales de la información han de participar, ahora más que nunca, y máxime en estos tiempos llenos de noticias urgentes que pasan y se suceden a gran velocidad.

¿Cómo se puede recomponer todo esto, y cómo podemos ayudar a los periodistas sin trabajo y muchos de ellos en dificultades? No sabemos cuál es el camino ideal pero sí sabemos que “la guerra ha terminado” y que el nuevo periodismo libre e independiente está, en España, a punto de comenzar. Por nuestra parte -y a pesar de que llevamos años clamando en este desierto- no va a quedar.

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