Castro acelera la imputación de Camps y Rita Barberá
Torres-Dulce: “Hacienda es quien marca el terreno para una posible imputación”
El Ibex se deja un 0,63 por ciento lastrado por la banca mediana
El juez Castro abre la investigación a la Infanta Cristina por presunto fraude fiscal
Bruselas aparca el veto a las aceiteras reutilizables en bares y restaurantes
Las doctoras Ana Elisa López Delgado, María Rosa Acero de Pablo, María Teresa del Olmo Mombiedro, Carmen Sánchez Calvo y Olga Fadón Pérez comparecieron este martes ante el titular del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid, Adolfo Carretero.
El juez mantiene imputada a la religiosa por los delitos de detención ilegal y falsedad en documento público, tras la denuncia presentada por María Luisa Torres, que la acusa de haberle arrebatado a su hija recién nacida en la Clínica Santa Cristina en 1982.
Las médicas apuntaron que en la clínica había una zona privada a la se llevaba a las madres que presuntamente querían dar a sus hijos en adopción, según fuentes jurídicas.
Sor María era la responsable de la administración de las adopciones casi en exclusiva, tenía libertad y potestad para entrar y salir en la zona de los nidos y de las incubadoras, sin que nadie pudiera enmendarle la plana y, según al menos tres de las testigos, tenía mucho poder, resaltaron las mismas fuentes.
El abogado de la denunciante, Guillermo Peña, indicó que hay “muchísimas contradicciones” entre personas que han sido compañeras de servicio que le llevan a pensar que “el consentimiento de la madre no aparece por ningún sitio y que es más que probable que pudiera haber permanecido en la zona privada sin haber sido atendida por nadie”.
Sor “Adopción”, si existe el infierno, acabará sumergida en aceite hirviendo por toda la eternidad (esto, según los creyentes). Aunque, con toda probabilidad, le darán un puesto de Consejera en el Averno.
Pues menos mal que son piadosas monjitas que si no en los campos nazis no hubieran tenido parangón.
Otra lacra y otra vergüenza de éste maltrecho país que no gana para desgracias y que no parece sea posible acabar con ellas, ni superarlas ni enterrarlas como es debido. Lo mismo que los de las cunetas y campos de uno y otro lado.