Al Atlético de Madrid le cuesta tan poco soñar como lamentarse. En la presente temporada apunta alto, pero sus propios seguidores no acaban de creer en su progresión. Cada año, al comienzo se cree en sus nuevos fichajes y se presupone que hará gran campeonato. Suele ocurrir que la ilusión primera acaba en media docena de partidos. Esta vez, sin embargo, el juego del equipo, la facilidad goleadora de Falcao y el espíritu que ha implantado el Cholo Simeone dan lugar a serenas aspiraciones.
La norma de los últimos quince años ha sido cambiar el equipo de arriba a abajo. La política deportiva ha consistido en fichar a un puñado de futbolistas a quienes ha habido que despedir al acabar el torneo liguero. En la presente ocasión ha habido paciencia y se ha mantenido el esquema, se ha conservado a los mejores jugadores y el entrenador ha logrado hacer creer a los suyos que todo es posible.
De momento, el Atlético es colíder con el Barça y se ve solidez en el juego. Simeone fue jugador temperamental que nunca dio un balón por perdido y ha convencido a los suyos que además de calidad hay que tener genio, impulsos, mirada recta hacia la victoria y así está jugando.
El equipo está muy cohesionado y cuenta con la gran figura del ataque, el colombiano Falcao, que de mantener la racha actual no sólo será máximo goleador, sino que llevará al conjunto a una de las tres primeras plazas del campeonato con lo que el club podrá disfrutar de la siguiente Liga de Campeones. Por ahora, el Valencia que ha ostentado el puesto casi como si fuera vitalicio, está fuera de la batalla. Únicamente parece dispuesto a la pelea por ese lugar el Málaga.
Al Atlético quizá se le haya subido el ego por su clasificación actual, pero está en condiciones de dar guerra. No parece que vaya ocurrir como otras veces que el globo se pinchaba rápidamente.