Sería bueno para todos, incluso para el Gobierno, que Rajoy se subiera al encerado con una tiza y un puntero y nos explicara a los españoles dónde estamos y hacia dónde vamos. Pero nuestro presidente prefiere el reino de las sombras a la espera de poder presentar una solución global a nuestros males, lo que no le será fácil porque la mar gruesa donde navega la nave española no cesa de crecer. Ahora ha sido el FMI el que nos ha echado sobre la cabeza, y sobre los Presupuestos de 2013 del Gobierno, un jarro de agua helada que el ministro De Guindos ha utilizado para lavarse las manos y hacer de la necesidad virtud diciendo que los ajustes y reformas del Gobierno impedirán que el FMI acierte, al tiempo que el ministro asegura que dichas previsiones no están “cinceladas en bronce”.
Vamos por partes. Hay cosas bastante positivas en todo esto que no conviene perder de vista: el BCE ya está listo para intervenir en favor de España e Italia, el Eurogrupo ha aprobado los fondos MEDE para socorrer a los países con problemas de deuda y ya se puede poner en marcha (para noviembre) el rescate de la banca española con problemas. La que tras los test de los últimos días parece estar en zona de transparencia y presta a recomponer la situación financiera hispana que era de mucho preocupar.
Hasta ahí, en lo que a la UE se refiere, todo parece bien, por mas que sea muy lento y falte por aclarar lo de la Unión Bancaria y la posibilidad de no imputar a la deuda del Estado los rescates de la banca, una vez que Alemania se resiste y empezó a retroceder. A España la señora Merkel nos dice que no pidamos el rescate, y no sabemos si eso quiere decir que Berlín confía en los ajustes y las macro cifras de Rajoy, o simplemente que Alemania no quiere poner más dinero. Ayer la canciller se adentró en Atenas en un gesto de valor que parecía decir a los griegos que Berlín no quiere que se vayan del euro, aunque se ha dicho que Merkel volvió a pedir más ajustes a los gobernantes de Atenas que tienen la calle al borde de la rebelión.
Y también es verdad que el Gobierno de Rajoy ha hecho ajustes y reformas en línea con los objetivos de déficit que le exige la UE, aunque no parecen suficientes porque cae la recaudación pública y se agudiza el paro y los problemas de la Seguridad Social, a la vez que Bruselas pide que no se revaloricen las pensiones y que se reduzcan las prestaciones por desempleo. Pero de lo que nadie habla, hasta ahora, en Bruselas o en la UE, ni en Madrid es de los gastos políticos de la enorme maquinaria pública del Estado. Ni el Gobierno del PP ni el PSOE de la oposición, que por cierto aún no ha presentado su modelo de Presupuestos y ajustes del déficit y que solo se dedica a demonizar las decisiones de Rajoy mientras festeja los malos augurios del FMI, lo que no parece de recibo.
Ahora bien, dicho todo esto, lo importante ahora es la pregunta del billón de dólares: ¿cuándo piensa Rajoy pedir el rescate de la UE para la deuda española? Esa es la cuestión que todos piden que se aclare, desde la Comisión, el BCE y el FMI, y desde no pocos países de la Unión. Pero Rajoy se lo está pensando o está, otra vez, esperando (como cuando las elecciones de Andalucía), a ver que pasa con los comicios vascos y gallegos, por miedo a que lo del segundo rescate -que quieren disfrazar de línea de crédito- les estropee el resultado. Puede que también se esté a la espera de las elecciones de Finlandia (hueso duro de roer) y del Consejo Europeo de finales de octubre una cita decisiva en la que Francia (que ayer aprobó su plan de estabilidad europea en la Asamblea) intentará que la “descarriada” Merkel vuelva al redil de la “unión bancaria”. O puede que el Gobierno español quiera unir de alguna manera en Noviembre el arranque del rescate de la banca con el de la deuda nacional. Hay que esperar un poco más, pero cuando antes se nos quede despejado el patio de la estabilidad financiera española mejor que mejor.