El desconcierto sobre el rescate de España por parte del recién estrenado MEDE, que este lunes ha arrancado con el dinero suficiente como para enderezar la endeble posición española en los mercados, sigue en aumento. Alemania y España parecen estar actuando más al unísono de lo que parece y ambas partes han coincidido en los últimos días en buscar una solución diferente al desprestigiado rescate para solventar el principal problema al que se enfrenta la economía española, la falta de confianza de los inversores internacionales, que nos exigen unos tipos de interés demasiado elevados para financiar la deuda española.
Tanto el Gobierno español como algunos Gobiernos de la UE y Bruselas consideran que, con dificultades, España puede afrontar su principal problema financiero, que no es otro que la reducción de la prima de riesgo, que este lunes ha cerrado en torno a los 426 puntos básicos, cuando el nivel que sería más acorde con nuestros intereses estaría en torno a los 200 puntos básicos. La reciente presentación de los Presupuestos y de las proyecciones sobre la economía española en el año 2013 no han servido de mucha ayuda para mejorar nuestra imagen exterior, ya que las previsiones han sido objeto de una amplia descalificación. Muchos analistas consideran que se trata de cifras difíciles de alcanzar y la sombra de la duda planea sobre la economía española.
No obstante, la reacción de los mercados a las últimas emisiones de deuda ha sido bastante positiva y puede dejar en un segundo plano la desconfianza en las previsiones del Gobierno, poco creíbles. A estas alturas del año, la necesidad de financiación pública española ronde el 12% del total previsto para el año. Es decir, en torno al 88% de los créditos que necesitaba la economía para refinanciar la deuda que vencía este año así como para atender a las nuevas necesidades que aparecen en el año a consecuencia del déficit público de este ejercicio, ya está suscrito y desembolsado, a un coste bastante similar al del año anterior, lo que no quiere decir que sea bajo (cercano al 5%), pero sí podría haber sido menor.
De hecho, Alemania sigue emitiendo deuda a medio y largo plazo a tipos de interés negativos, como este mismo lunes acaba de hacer para desconsuelo de sus socios de la UE, ya que tiene mala presentación que Alemania esté frenando la compra de bonos españoles por parte del BCE y por lo tanto obstaculizando la bajada del diferencial cuando la propia Alemania está recibiendo dinero prestado por el mercado a tipos negativos. Estos tipos de emisión negativos son posibles porque los inversores acuden a los bonos alemanes buscando una seguridad que creen que no existe con la compra de bonos españoles. Pero, aún así, las últimas subastas del Tesoro español han contado con afluencia masiva de inversores, eso sí pidiendo unas rentabilidades bastante más elevadas que las que piden a otros socios de la UE. A España no le falta financiación, aunque sí le sobran tipos altos. De estar los tipos de interés a tipos más moderados, sin la sobreprima de riesgo que en estos momentos soportamos, a España le sería bastante más factible cumplir con el objetivo de déficit público. Hay que tener en cuenta que los tipos de deuda más elevados de lo normal le acarrean al Tesoro español un coste adicional superior a los 2.000 millones de euros anuales.
El MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) ha arrancado con un potencial de préstamo de 500.000 millones de euros, aunque por el momento la capacidad real es inferior a la mitad, pero suficiente como para abordar sus funciones, una de las cuales será la de prestar dinero al Estado español (no a las entidades financieras, de momento) para el saneamiento de la banca española, algo más de 40.000 millones de euros, cifra muy inferior a los 100.000 millones de euros que se estimó al principio que iban a necesitar los bancos españoles para sanear su cartera crediticia inmobiliaria. Además de este desembolso, el MEDE podría realizar algunas operaciones en el mercado primario de deuda pública que, unidas al inicio de las compras de bonos en el mercado secundario por parte del BCE, permitirían arreglar con relativa rapidez las cosas. Es decir, lanzar una clara idea a los mercados de que no se puede seguir forzando de forma artificial un diferencial entre España y Alemania que cada vez parece responder menos a la realidad.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
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