Nº 1133 -  20 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Rajoy y la tortuga

Marcello
 

Lo han tenido que cazar en una rueda de prensa en San Sebastián, para que Rajoy diga que no aceptará la separación de Cataluña “de ninguna de las maneras”. Y eso es todo después de un mes de desafíos al Estado del presidente de la Generalitat Artur Mas. Ya en el Parlamento y a preguntas de Rosa Diez nos dijo Rajoy que “cumplirá y hará cumplir la Constitución” porque lo ha jurado así. Pero el presidente no entra en detalles, no analiza los desafíos, no valora que estos se hacen desde una institución del Estado como es la Generalitat y se niega a explicar a los catalanes el verdadero alcance de la relación de Cataluña con el resto del Estado.

El presidente, como dice The Economist, es un todo misterio sin resolver. Un enigma tan profundo que ni el mismo sabe cuál es la solución y por ello está investigando con sus servicios secretos y su diplomacia secreta y sus enviados y correos secretos que van y vienen de Madrid a Barcelona y viceversa. Es como en el caso del rescate de España que ayer se debatió en el Eurogrupo: todo es de lo mas secreto, de manera que cuando uno cambia de posición, tal y como lo hace Alemania para que España no pida un rescate, ese cambio se intuye pero no se puede confirmar porque todo es muy confidencial. Aunque lo que quiere decir la señora Merkel no es que España no necesita un rescate porque está muy bien, sino que ella y Alemania no quieren que Rajoy pida el rescate porque ellos no lo piensan pagar.

Sin embargo lo de Artur Mas, el CIS, la Comisión, los Mercados, la Bolsa, el FMI, la prensa internacional, y el Barça-Madrid eso es un secreto a voces como las manifestaciones españolas que llenan las calles e inundan las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo, motivo por el cual Rajoy le da las gracias a los que se quedan en su casa, que son los que le ponen a escurrir en las encuestas del CIS.

Rajoy abre la boca y dice algo, de Perogrullo, sobre Cataluña y la gente se asombra de esa ruptura del silencio y del bajo perfil a la que nos tiene acostumbrados y sus palabras retumban como si hubiera anunciado que enviará a Barcelona a la Guardia Civil. Cuando en realidad solo ha dicho que no aceptará la escisión de Cataluña “de ninguna de las maneras”. O sea que tiemble Artur Mas porque estamos a cinco minutos de que Don Mariano Rajoy desenfunde la Tizona, y entonces sí que se va a armar.

Todo sigue siendo un misterio. No sabemos cómo piensa Mas  convocar un referéndum de autodeterminación ilegal, ni como  impedirá Rajoy que los catalanes avancen hacia la independencia. Los poderosos del foro recuerdan aquella frase del Rey a Jordi Pujol en la tarde del golpe de estado del 23-F, “tranquil, Jordi, tranquil”, se dice que le espetó el monarca al dirigente catalán. O sea “Artur, tranquil, Artur”, piensan en la capital del Reino, pero el catalán, como quien oye llover, sigue a su aire, empujado por la ola de la senyera en el Nou Camp y puede que pronto ni siquiera escuche los lamentos y consejos del empresariado catalán.

Mas está a lo suyo, en campaña electoral para conseguir que los de CiU alcancen la mayoría absoluta en el Parlament y que esos comicios los pierdan al alimón el PP y el PSC-PSOE, para decir que el pueblo catalán ha hablado en ese plebiscito indirecto y que él tiene la legitimidad de las urnas, y Rajoy el poder del Estado o de Leviatán y que vamos a ver qué pasa. Aquí en Madrid, en lo de Cataluña, como en el rescate estamos, como la liebre del cuento recostada en una cuneta viendo pasar ufana a la pesada tortuga, y convencidos de que al final cuando solo falten unos metros para la meta, nuestra liebre/Rajoy ganará la carrera con un espectacular sprint. Bueno, la fábula no acaba así, pero estando el misterioso Rajoy de por medio todo puede pasar.

Incluso que el presidente tenga un arma secreta en el palacio de la Moncloa. Aunque para usarla antes tendría que tomar la decisión y eso es algo que le cuesta mucho a Rajoy. Y antes de tomar una decisión debería pensarlo. Y antes de pensarlo debería estudiarlo, y antes fumarse un puro y respirar muy hondo, y antes encender el habano e incluso sacarlo de la caja, y así hasta el infinito. Lo que nos lleva otra vez a la tortuga pero esta vez con Aquiles, el de los pies alados, de competidor. El que nunca alcanzará la tortuga tal y como todo el mundo sabe porque el espacio que los separa se ha de dividir hasta el infinito. De manera que vamos listos con lo de “de ninguna de las maneras” que ha dicho Rajoy, antes de volver a tumbarse en el sofá blanco de la Moncloa, a descansar, mientras el simpático quelonio avanza lentamente hacia la meta final.

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