Se quejan los políticos, como si fueran divinidades, de la crítica creciente de los ciudadanos y de algunos periodistas a “la clase política”, ahora considerada -según el CIS- el tercer problema de España. Se lamenta el Gobierno y sus publicistas de que desde los sindicatos y la calle se solicite un referéndum sobre los ajustes de Presupuestos y reformas sociales (“los próximo recortes en Las Cortes”, rezaba una pancarta ayer en la calle Serrano de Madrid). Protesta Rajoy, sus ministros y dirigentes de los manifestantes que contestan sus políticas y piden elecciones anticipadas en las cercanías del Congreso de los Diputados, (Cospedal los compara con los golpistas del 23-F y el ministro del Interior presenta una querella, fallida, por ataque a “las instituciones del Estado”), y no entienden en Madrid el éxito de la Diada o de la protesta del Nou Camp del Barça, después de años de desistimiento de la nación española frente al independentismo catalán, tanto por parte del PP que nos gobierna como por el PSOE que está en la oposición.
Los políticos que viven de la política y no para la política. Los que adolecen de democracia interna en sus partidos y disfrutan de la vigente partitocracia española sin controles democráticos y con sus listas electorales cerradas. Los que tapan corrupciones ajenas y propias, y los que manipulan los medios de comunicación. Los que practican el ocultismo de sus decisiones y que, finalmente y ante el desastre nacional que nos invade, se ven en el disparadero y al descubierto frente a una gran mayoría de ciudadanos que empieza a decir basta y exige una reforma democrática en profundidad.
Lo cierto es que el Gobierno ni sabe ni explica a dónde va, y la oposición no tiene una alternativa realista ni pro europea y todo va de mal en peor y los ciudadanos ven que todo se recorta o se hunde salvo los privilegios de los políticos: las autonomías del despilfarro, ayuntamientos inútiles, más de 2.000 sociedades y organismos políticos -ruinosos o prescindibles- televisiones y radios autonómicas y municipales al servicio de los “caciques” regionales y un sin fin de entidades e instituciones donde están colocados una gran parte los militantes y allegados de éste o de aquel partido político, y en muchos casos sin la menor aptitud o preparación.
Las últimas encuestas del CIS y del diario El País son elocuentes al respecto y coinciden con el sentimiento general que se aprecia en las calles de España. Dice el CIS que el 27 % de los españoles consideran a la clase política -dando la razón al comentario del juez Pedraz sobre la decadencia de la política española- el primer problema de España, mientras el sondeo de El País señala que desaprueban la gestión de Rajoy un 71% y la de Rubalcaba un 76 %. Asimismo, el 84 % de los encuestados dicen que el presidente les inspira poca o ninguna confianza, cifra que sube hasta el 90 % cuando se les pregunta por el líder de la oposición.
El sondeo de El País incluye nuevos datos sobre intención de voto de los españoles, cuando aún no se ha cumplido un año desde las elecciones del pasado 20 de noviembre del 2011 y anuncia que el PP ha perdido el 14, 7 % de su electorado (desde el 44,6% hasta el 29,9% actual), mientras el PSOE retrocedió un 4,8 %, (desde el 28,7 % al 23, 9 %). Lo que significa su severo castigo para ambos partidos (juntos retroceden un 20 %), incluso para el bipartidismo imperante. Y de ello se benefician la abstención así como IU que sube hasta el 12,6 % y UPyD que alcanza el 10,2 % de intención de voto.
Los datos son elocuentes y a ellos se ha de sumar otra conclusión del CIS que señala que el 24,5 % de los encuestados se declaran en contra del sistema autonómico español y piden el regreso hacia un modelo más centralista del Estado, contra la pretensión federal de los socialistas o la secesión de los catalanes.
El CIS no aborda la cuestión del independentismo catalán, que está ahí ante el sorprendente silencio de Rajoy e irrumpiendo en la escena europea e internacional, ni sobre las movilizaciones de los ciudadanos en las calles, algo que está a la vista de todos. Al igual que el aumento del paro, la destrucción de empresas y la pésima imagen de España, que daña nuestra credibilidad y pone en fuga a los inversores de los mercados en empresas y la deuda pública de España.
¿Qué hacer? Son ellos los partidos gobernantes y los que están en la oposición los que tienen que ofrecer las soluciones, arreglar los problemas de los ciudadanos, recuperando la vida democrática -empezando por sus propias organizaciones- y ofreciendo imagen de entrega y cohesión nacional, dando la cara, explicando todas sus decisiones y diciendo la verdad. Y ojalá que no sea demasiado tarde para rectificar y aprendan que la “legitimidad democrática”, tras la que se escudan, no les exime de la responsabilidad de una quiebra del Estado o de la ruptura de la unidad nacional.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Ignacio del Río
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Mónica Fernández-Aceytuno
Jaime Peñafiel
Javier Pérez Pellón
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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