El Barcelona-Madrid del domingo en el Camp Nou podría ocurrir que tuviera la trascendencia que no es habitual adjudicarle a estas alturas de la competición. Ocho puntos de ventaja son muchos, pero no insuperables cuando haya tanto camino por recorrer. La victoria barcelonista si podría dar nuevo cariz a la temporada. Con once puntos que remontar, tarea más que ardua, es probable que el entrenador del Madrid echara cuentas y prefiriera poner todo el interés en la conquista de la décima Copa de Europa.
Renunciar a la Liga no se vería como decisión acertada porque hasta llegar a la final hay mucho camino que recorrer. Vivir de las noches épicas del Bernabéu podría no ser suficientemente satisfactorio para los socios. Ganar la décima calmaría toda clase de inquietudes y, por supuesto, colmaría la felicidad a Mourinho y daría satisfacción a Florentino Pérez. Mas todo esto es un futuro imperfecto.
El Madrid va a tener tal vez la mejor ocasión de los últimos años para vencer en el Camp Nou lo que daría nueva vida al campeonato. Los problemas defensivos del equipo catalán son facilidades para que el Madrid, si el entrenador alinea a los mejores y no hace uno de sus sorprendentes cambios tácticos. Hay que comenzar a sospechar que pondrá en juego alguna variación importante.
Jugar la Liga con el sólo deseo de no perder de vista del todo al Barça y arriesgarlo todo en Europa nos llevaría a considerar que al entrenador le importa una higa el club y sólo su ego. Ganando en Europa sacaría pecho para proclamar que en todas partes gana título continental. El club por su historia y presupuesto está en la obligación de luchar por ganar la Liga aunque el domingo se ponga casi imposible. El Madrid no puede jugar con un solo objetivo por más que así lo planificara José Mario dos Santos Félix Mourinho.