Nº 1164 -  20 / VI / 2013 
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Espacio de batientes

¿Crisis sólo monetaria o también atlántica?

José Javaloyes
 

Lo que cabría llamar el “síndrome angloamericano” – referencias a España como punto o situación ejemplificantes del desastre económico del que se debe huir, pues nuestro peso relativo en la Eurozona trivializa la cuestión griega y ejemplifica el problema sistémico del Euro – es un juego de focos y subrayados mediáticos y políticos, especialmente desde la alusión del candidato Romney en su debate con el presidente Obama ante las cámaras de TV, que vienen acompañando en estos últimos meses a las tribulaciones económicas, sociales, políticas e institucionales de nuestra nación.

Lo persistente y sistemático de esta presión, que metabolizan los mercados de la sabida manera, aportan indicios de que una determinada estrategia contra la moneda única europea está encelada en la embestida contra el flanco español del sistema. Lo de Grecia sería sólo un test mientras que lo de España tiene carne y condición de desafío.

Abunda en la verosimilitud de tal hipótesis de conflicto más que larvado en el seno de la Alianza Atlántica, el hecho de que mientras el papel de Estados Unidos en el mundo como primera potencia se encuentra en una lógica permanente revisión por el fluido y acelerado cambio global en el presente curso histórico, especialmente desde el salto adelantar de las capacidades chinas en todos los órdenes, al igual que el de las capacidades rusas por su enorme potencial energético, o el de los poderes nacionales de nuevos polos de poder emergentes; la transformación de las referencias globales, que aportan consecuencias como la sustitución epocal del marco atlántico por el de la cuenca del Pacifico, parecidamente a lo ocurrido en el siglo XVI con la sustitución de la histórica preferencia mediterránea por la atlántica, tras de la incorporación americana a la Historia Universal; toda la copiosa mutación de las referencias generales no podía menos que tensar estructuralmente la relación de la Europa continental con el complejo angloamericano.

Y es en esa tensión estructural, sistémica e histórica donde encajaría la hipótesis de una “conspiración” contra el Euro por parte del complejo político y mediático angloamericano. Es en Europa como eventual federación de Estados tras del escudo de su propia moneda, donde estaría el quicio de tal “conspiración” contra la moneda única. Sería una Europa federalizada otro interlocutor de Washington y para el resto del mundo, cuya realidad física en lo político y en lo económico condicionaría la propia configuración de la Alianza Atlántica, pues resultará el ámbito del Océano Pacífico el nuevo escenario principal de la Historia, de la misma manera que lo fue el Atlántico hasta el Siglo XIX.

Pero lo más importante para los españoles, a los efectos presentes, es el hecho de que estamos en la vertiente de en medio del problema de la moneda europea, cargando, además, con el peso de las deficiencias y las contradicciones del sistema, que desfiguran el peso real de nuestra propia responsabilidad nacional en el problema nacional al que todo esto nos ha llevado.

Por más que Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) diga que son los Gobiernos los que deben decidir sobre el rescate”, resistiéndose a juzgar si España debe pedirlo sin estar definidas las condiciones a las que se debe someter, pudiera ser lo más equitativo – pese a las alternativas remesas de cal y de arena que nos envía Berlín – que desde el propio Berlín se maniobrara en el sentido de lo manifestado por su ministro de Finanzas cuando, refiriéndose a España e Italia, dice que “a quienes hacen los deberes se les puede dar más tiempo…”

Ese “más tiempo” ¿puede interpretarse como un aplazamiento de los plazos convenidos para la reducción del déficit? De ser así cabría entenderlo tanto como un relajamiento de los rigores “recortistas” como un preanuncio de esas condiciones que Mariano Rajoy exige conocer para decidirse sobre momento y forma de petición del rescate. Es de cajón que deba conocerse el precio de lo que se adquiere.

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