Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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OPINIÓN

¿Cuánto se debe a Cataluña?

Fernando Glez. Urbaneja
 

El argumento central del debate con los nacionalistas catalanes, al margen de lo sentimental, es que se les debe, que pagan mucho y que no les vuelve lo suficiente. Luego hay mucha farfolla añadida, por ejemplo la comparación con las colonias de la nueva Inglaterra del siglo XVIII y su pugna con la metrópoli a cuenta de los impuestos del té, un brochazo que debía dar un poco de vergüenza a quienes la hacen; si les oyera Cambó, les mandaría a la escuela.

En Cataluña han hecho muchas cuentas con balanzas fiscales de todo tipo que concluir que sufren un “expolio”, que es un argumento que reiteran desde hace años, ante la indiferencia de los presuntos expoliadores. En versión piadosa al expolio le llaman caridad, para añadir que también la caridad tiene límites.

Siguiendo el razonamiento habría que preguntar ¿Cuánto se debe?, ¿desde cuándo?, ¿cómo sería el epígrafe de la factura? Y quizá ir pensando en pagar lo que se deba. Porque resulta incómodo convivir con acreedores a los que no se ha reconocido la deuda. Hacer las cuentas en conformidad debería ser una tarea política y académica previa a oficializar el conflicto y sus consecuencias.

Hay otro argumento más complicado: la diferencia. El presidente Mas asistió a la reunión del martes en el Senado por cortesía, que habrá que agradecerle; pero no entró en el debate porque lo suyo es diferente, el café para todos está en la raíz del problema y no están dispuestos a esa lógica, lo cual complica el debate, porque ¿cuánto diferentes?, ¿cómo de diferentes? Alguno dirá que diferentes y punto, que es un sentimiento, pero si es así no hay posibilidad de transacción, no es cuantificable la diferencia.

No es sencillo el debate desde el argumento del “expolio”, porque el que se siente expoliado no pone fácil la conversación y el entendimiento con el “expoliador”. El desencuentro último empezó con la propuesta de un pacto fiscal, envuelto en la soberanía y el expolio. En resumen, un laberinto que no permite precisar si estás entrando o saliendo.

Las balanzas fiscales son uno de los soportes del conflicto y aunque son un artefacto peligroso sería bueno desentrañarlas con frialdad y con la objetividad que fuera posible. Incluso se podría encargar el trabajo a alguno de los “Oliver” con sus pruebas de estrés. Desde Cataluña el conflicto es emocional, pero está forrado y vestido con balanzas fiscales, agravios presupuestarios, “expolios” y “diferencia”. Desde el resto de España abunda también lo emocional, pero faltan números, el saldo de qué se debe, quién debe y por qué se debe. A mí me gustaría pagarle al señor Mas todo lo que le deba, porque sentirme deudor me produce mucha incomodidad, no me atrevo ni siquiera a hablarle por si me llama moroso o ladrón.

fgu@apmadrid.es

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