Nº 1134 -  21 / V / 2013 
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OPINIÓN

Sergio Ramos, gallo de pelea

Julián García Candau
 

Lo último que podía imaginar José Mario dos Santos Félix Mourinho era que se le alborotara el gallinero. Le parecía inimaginable que cantara un gallo en su corral. Gallo de pelea aunque aún no tenga espolones. Creía que a todo el vestuario agarrado por la hombría y se ha tenido que percatar de que para asaltar torreones hacen falta más Quiñones. Sergio Ramos se ha erigido en el asistente del capitán que los manda con voz y voto. Primero fue Casillas quien discrepó y trató de saldar cuentas con los barcelonistas, pelea a que se había llegado por las insidias del entrenador madridista. Hubo un momento en que por los modos que se dieron en los partidos entre Madrid y Barcelona, se pensó que la selección se podía resentir. Seguramente, la mano izquierda de Vicente del Bosque contribuyó a que jugadores que han sido compañeros desde selecciones juveniles se vieran involucrados en broncas inadmisibles.

Iker reaccionó para poner paz y le siguieron los demás internacionales. La paz llegó a términos tan inesperados que, recientemente, Piqué le mandó un mensaje a Pepe, lesionado, deseándole pronto restablecimiento. Sergio siguió el camino de Iker en el problema con el Barça y se ha percatado de que las maneras del portugués no son de recibo.

En más de una ocasión ha hecho declaraciones en las que ha contravenido las normas del míster quien quiere que los futbolistas opinen lo que él desea. Ramos, injustamente castigado por Mourinho, se ha venido arriba y ya le ha retado. Fue en el pasado partido con el Deportivo. A Sergio ya lo ha cambiado de posición para que no se crea imprescindible en el centro de la zaga y la ha tomando con Ozil. Desde el primer minuto salió al área técnica a reprender a Ozil. Una y otra vez, a la vista del público, le llamó la atención. En el vestuario le anunció que lo relevaba con lo que pareció que todas las culpas de los errores las tenía él.

Sergio se puso debajo de su camiseta la de Ozil y se la levantó en homenaje y solidaridad con su compañero en la celebración de un gol. A Mourinho se lo llevan los diablos. Ha dividido el vestuario dando complacencias a los portugueses, los representados como él por Jorge Mendes, y junto a los españoles ha alineado algún extranjero como Ozil.

Las guerras entre entrenador y futbolistas sólo se aplacan con títulos. El reto de Mourinho ahora es mayor que nunca.

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