Nº 1138 -  25 / V / 2013 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada República de los Blogs Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Deportiva Información Parlamentaria Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias
 

Retablos financieros

La penuria, versión española

Primo González
 

Desde principios del año 2010, la tasa de ahorro de las familias en España no hace más que retroceder. Representa en los últimos doce meses en torno a un 10% de la renta disponible, cuando en el año 2009 llegó a representar cerca del 18% de la renta y en algún momento puntual superó el 27%.  Eran otros tiempos.  Este retroceso  es más acusado  aún si se tiene en cuenta que la renta  disponible (es decir,  el total de ingresos, que se distribuyen en consumo y ahorro, sobre todo)  está en caída,  algo más del 3% en términos anuales durante el tercer trimestre del año, debido tanto a la caída  de los  ingresos salariales, casi un 4%, como a las rentas que perciben las familias en concepto de dividendo o rentas de otro tipo, un 10% inferiores a las de hace un año. Otos componentes de la renta disponible, las transferencias sobre todo,  han tenido una evolución menos desfavorable. Pero en conjunto la renta que manejan las familias españolas está a niveles  algo más del 3% inferiores a las de hace un año.

En los últimos días, las imágenes que ha transmitido de la situación social española algún medio de comunicación, sobre todo de Estados Unidos,  con personas rebuscando en  los cubos de la basura, y las afirmaciones según las cuales las politicas de ajuste impuestas en  España (y en otros países de la UE) por la Eurozona (personificadas en la  dirigente de Alemania, Angela Merkel)  nos estarían llevando a una generalización de la miseria y desde luego de las protestas, han causado bastante impacto.

Hay mucha gente que se pregunta cómo es posible que un país como España, en el que la tasa de paro ha alcanzado una cota particularmente grave, más del 24% de la población activa con 4,7  millones de personas buscando  empleo de forma más o menos activa, no  presente mayores síntomas de descomposición social a  la vista de unas cifras que son bastante explosivas.  Es una pregunta que se hace mucha gente, a la que se aportan explicaciones diversas, aunque siempre girando en torno al  papel de la familia como núcleo protector en el que se está refugiando un número creciente de jóvenes, habida cuenta de que en los seis o siete últimos años la creación de empleo ha sido testimonial y en conjunto el mercado de trabajo ha presentado más salidas que entradas. El problema es grave en estos momentos pero quizás lo sea más por las secuelas que va a dejar en el futuro una amplia generación de jóvenes españoles que apenas ha tenido contacto con el mundo laboral, con la empresa, con la aplicación de sus conocimientos y con la oportunidad de desarrollo personal y familiar. Algunos, por supuesto los menos, han tenido la posibilidad de realizar fuera del país una parte de sus sueños profesionales y laborales,  pero tampoco es lógico que la situación interna sea una invitación permanente al exilio económico y a la emigración.

La caída de las  rentas  se traduce en debilidad del consumo y en baja propensión al ahorro, que en algunos momentos recientes ha llegado a ser negativo. Es decir, las familias están tirando  en algunos momentos de sus ahorros, bien para afrontar la devolución de créditos, bien para mantener el nivel de vida dentro de unos parámetros normales, destinados a paliar el efecto de la crisis económica.

Las transferencias que reciben las familias  (ingresos procedentes del subsidio de paro , pensiones, …)  están siendo bastante elevadas  y gracias a su cuantía y a su proporción, que han sido crecientes en los últimos años, la renta disponible ha sufrido una erosión bastante menor. La  renta disponible en España procede de cuatro fuentes principales: el ingreso salarial, que suele representar  un 66% del total, las transferencias recibidas, un 20% del total, los ingresos procedentes de las rentas diversas (alquileres, dividendos,…), que representan en torno a un 7%, y los ingresos derivados de actividades económicas familiares, otro 7%.

De estos cuatro componentes, el de las transferencias es el que ha registrado un aumento más sustancial en los últimos  años debido a que la protección social ha jugado un cierto papel estabilizador. Pero las  restricciones a  las que nos enfrentamos cada día con mayor intensidad están en fase de retirada y de disminución.  Por este motivo, y porque tampoco sería lógico que estas transferencias aumentaran de forma ilimitada a riesgo de vivir en una sociedad  ampliamente subvencionada y dependiente del Estado, la renta disponible va a seguir disminuyendo en los próximos trimestres, sin que queda más  alternativa que echar mano de los ahorros, recurso al que lógicamente no están preparadas muchas familias españolas, sobre todo después de varios años de  compensar  falta de renta con la hucha.  La sociedad española vive, por lo tanto, en una situación que se aproxima a sus límites.  La capacidad de aguante es limitada y la puesta en marcha de una estrategia social y económica que sea capaz de invertir la situación de caída continuada de la actividad, el empleo y la renta personal y familiar, resulta imperiosamente urgente.

Traducir artículo
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Contacto y direcciones de Republica.com Todos los derechos reservados © 2013

Portada Republica.com
Republica.com