Nº 1134 -  21 / V / 2013 
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OPINIÓN

Casposa Blancanieves

Daniel Martín
 

Michel Hazanavicius, director de “The artist”, es íntimo de Pablo Berger, español que acaba de estrenar “Blancanieves”, otra película muda en blanco y negro que viaja en el tiempo para hacer peor algo en lo que eran maestros hace 90 años. Tal osadía le ha valido el Premio Especial del Jurado del Festival de San Sebastián (1) y ser la candidata española a los próximos Oscar.

Berger, nada ajeno a la aventura del director galo, tampoco ha mirado muy lejos en cuanto al tema. Tengo la impresión de haber visto en el último año ochenta mil versiones del viejo cuento infantil. La historia de la niña y la madrastra está más de moda que un reality de cachas y pechugonas. Este es el mundo en el que vivimos, un siglo donde lo popular y lo pedante van de la mano.

“Blancanieves” de Pablo Berger es una película con una estupenda fotografía. Y ya. La banda sonora que sostiene la ausencia de diálogos a menudo choca frontalmente con lo que ocurre en pantalla, por otro lado chocarrero y soporíferamente previsible. Aunque lo peor es la ambientación que ha elegido el director, con una España cañí, casposa y grotesca que parece reflejar más la mirada de un extranjero que la de un nacional.

Los enanitos de Berger, por ejemplo, responden a una mirada llena de prejuicios y crueldad propios de otra época más oscura. Aunque nada como esas escenas en que se supone que los actores le están dando un ambiente flamenco a la escena. Peor todavía, si cabe, la presentación del mundo de los toros, columna vertebral del filme, que muestra la ignorancia y/o el desprecio de un realizador concentrado en rebajar a España a la mínima expresión de muerte, tragedia, negritud, absurdo. El producto es una mezcla de Lorca, Buñuel y los hermanos Tonetti, pero sin talento ni gracia.

“Blancanieves”, a pesar de ser tan mala, es reveladora en más de un aspecto. Los actores, al no poder hablar, muestran sus carencias. Maribel Verdú, sin registros, es una pobre caricatura. Ángela Molina consigue, con su impericia, que la escena más trágica del filme quede en involuntaria comedia bufa. Y la elección de la protagonista es tan desafortunada como el montaje o la música, un despropósito. La dirección artística, por otro lado, sería destacable si no hubiese servido a tan pérfidas intenciones.

Como mirada al cuento “Blancanieves” no aporta nada. Aun así, el filme de Pablo Berger muestra una España tan tópicamente macabra -digna de “El Caso”-, tan extemporánea que encantará allá en Los Angeles (2). Los toros y el flamenco, dos elementos tan nacionales, aparecen tan desfigurados que apasionarán a los guiris. Además, lo grotesco de este filme casa a las mil maravillas con lo que ofrecen diariamente las imágenes televisivas rodadas en España. Espectadores, habrá tres… pero no importa tras las subvenciones y mientras sigan cayendo premios y alabanzas de la crítica.

(1) ¿Un premio en un festival europeo de cine atrae o repele al público?

(2) Las denuncias sobre el maltrato a toros durante el rodaje de “Blancanieves” son pésima campaña de promoción para la siempre puritana Academia de Hollywood.

dmago2003@yahoo.es

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