Nº 1133 -  20 / V / 2013 
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OPINIÓN

Más de la guerra subterránea

Juan Chicharro
 

No son pocas las veces que en estas líneas, a propósito de los diversos conflictos en curso en el Medio Oriente, hemos hecho mención a que, si bien la confrontación abierta entre los EEUU/Israel contra Irán aún no se ha producido – y esperemos que no se produzca -, las acciones de guerra subterránea son moneda corriente al uso. Las intervenciones clandestinas que llevan a cabo los servicios secretos de determinados países occidentales se suceden sin continuidad. E igualmente obran los servicios secretos iraníes y de Al Qaeda a lo largo de lo ancho del globo.

Israel no está dispuesta a consentir que Irán obtenga el arma nuclear, y si por ella fuera el ataque abierto ya se habría producido; si no lo ha hecho ya es por la negativa del presidente Obama a embarcarse en tal aventura en momentos tan críticos como el de unas elecciones presidenciales. Pero esta actitud de los EEUU no quiere decir en absoluto que no considere muy arriesgado el que Irán posea la bomba atómica y que esté ociosa.

Los movimientos clásicos previos a cualquier conflicto están en marcha: despliegue y posicionamiento de medios, acciones sicológicas permanentes, acciones clandestinas de preparación de las operaciones incluyendo acciones de reconocimiento así como de destrucción de puestos clave… etc.

No creo que haya duda del interés de los EEUU por evitar que Irán posea el arma nuclear y a ello está dedicando un gran esfuerzo.

Ya en artículos precedentes avisé que algunas acciones dirigidas contra técnicos e ingenieros nucleares iraníes habían sido fructuosas pero la última acción exitosa que apenas ha trascendido a los medios ha sido el sabotaje directo contra la instalación subterránea nuclear de Fardo.

En efecto, ahora se ha sabido que el pasado día 17 de agosto las líneas eléctricas que suministran la energía necesaria para el funcionamiento de la citada instalación de Fardo – planta donde se procede al enriquecimiento de uranio – habían sido destruidas en diferentes ataques contra distintos puntos de la misma con una incidencia, a su vez, indirecta en otros dispositivos necesarios para el funcionamiento de la misma.

Poco se sabía de esta acción que se ha conocido cuando la semana pasada el responsable de la comisión atómica iraní acusó a la Agencia Internacional de Energía Nuclear de estar infiltrada por saboteadores y traidores, y de ser cómplices en la voladura.

Lo que sí es cierto y comprobado, es que efectivamente el ataque se ha producido y no sólo ha dejado momentáneamente fuera de servicio la citada planta, sino que ha afectado a todo el servicio informático y consecuentemente también a sus defensas, en especial las antiaéreas.

De esta acción podemos extraer algunas conclusiones.

En primer lugar que para inutilizar, siquiera momentáneamente, las instalaciones nucleares iraníes tal vez no sea necesario el ataque abierto a base de aviación y misiles, sino que mediante ataques puntuales de fuerzas sutiles se pueden obtener resultados muy positivos.

Y en segundo lugar que las acciones de contrainteligencia iraníes no son tan perfectas. Así es, toda vez que han sido incapaces de detectar la infiltración de unos saboteadores capaces de colocar bombas a lo largo de una línea de 40 km entre la propia planta de Fardo y la ciudad de Qom.

Lo que es evidente es que en esta vida nada es casual y que sin solución de continuidad a estas acciones de las fuerzas especiales/servicios secretos de los EEUU y probablemente de la Gran Bretaña, se produce un levantamiento cuasi general en el mundo árabe como consecuencia de las acciones propagandistas contra Mahoma y ataques directos a su vez contra intereses norteamericanos, como por ejemplo, el asesinato del Embajador USA en Libia. Es decir, los servicios secretos iraníes y de Al Qaeda no están de brazos cruzados.

No me resisto en este punto a mostrar mi más absoluta indignación por las referencias que en alguna prensa occidental se hace a la figura del Profeta. Se aduce que nada se puede hacer ante la sagrada libertad de expresión poniendo por encima este principio a la del respeto por las creencias de más de mil millones de personas que profesan esta religión. He visto las viñetas de la revista satírica francesa y confieso mi asco por lo publicado. Es indigno y no hay derecho; estoy seguro que, de conocerlas, el gran público concordaría con esta opinión. El mismo respeto que exigimos los católicos respecto a la figura de Jesucristo debería ser norma con Mahoma, Buda o Confucio. Parece que existen corrientes de opinión interesadas en tensar las relaciones con el mundo musulmán. Menudo mundo en el que nos toca vivir. No voy a decir que estos momentos sean los más críticos de la historia porque no sería cierto; hay antecedentes en nuestra Europa o en Asia mucho más peligrosos que los actuales pero cabría suponer que algo habíamos aprendido. Vana ilusión.

En definitiva, demostraciones de fuerza, acciones clandestinas “in crescendo” e indignación, cuando no odio en todo el mundo musulmán hacia occidente, nos presentan un panorama nada esperanzador para la paz mundial; y a todo esto prosiguen las amenazas de Irán hacia Israel donde, dicho sea de paso, la figura de Obama está bajo mínimos por su actitud “aparentemente confusa” en su apoyo a la causa israelí. Sus últimas palabras en el programa “60 minutos” de la cadena CBS, el pasado domingo día 23 de septiembre, alegando que él sólo atiende a la seguridad de los EEUU, han sembrado la confusión entre propios y extraños. ¿Acaso la seguridad en Oriente Medio no afecta a los EEUU y a la paz mundial?

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