La magna manifestación pilló a mucha gente desprevenida, pero no fue casual, se veía venir, lo que sorprendió fue el momento. Podía haber sucedido uno o dos años antes; quizás después. ¿Por qué ahora?
El descontento ha sido acumulativo. Yo, que no soy separatista, estoy asombrado de que no exista un AVE de Valencia a Barcelona (y que se proponga uno a Badajoz) y me asombra que el PSC vote a favor del eje central en vez del Eje Mediterráneo que es la columna vertebral de la economía ¿española?. Y estoy asqueado de los árbitros filomadridistas que regalaron la Liga al Madrid el año pasado por 12 puntos de regalo (se equivocan, pero sólo a favor del Real, nunca en contra). Futbolísticamente ya soy independentista, quiero jugar la liga francesa o europea. Es una “boutade”, pero piensen que el fútbol es una metáfora de la vida.
El presidente Mas me recuerda una estampa de la Revolución Francesa: iba Darton por la calle seguido de veintemil personas manifestándose.
- ¿Dónde vas?, le preguntó Sieyes
- No lo sé, pero tengo que marchar delante de ellos
El azar ha querido que esto pase al once de septiembre de 2012, pero estaba al caer antes o después. No olviden que el once de septiembre en Cataluña se celebra una derrota, la ocupación de la ciudad, que había seguido fiel a la monarquía de los Austrias, por las tropas borbónicas del protegido de Luis XIV. Desde ese momento, ¿no es Cataluña un país ocupado? ¿Cómo se soluciona eso?. Las colonias se independizaron después de la Guerra Mundial.
Hay otro once de septiembre injusto que no se celebra, la derrota de la batalla de Muret en 1212. El rey de Aragón fue asesinado en combate, cosa nunca vista (se pedía rescate) y Cataluña perdió sus feudos en el sur de Francia. Faltó en esa batalla Bernat de Creixell, el gran general del rey, muerto en las Navas de Tolosa ayudando a los castellanos a ganarla. Ironías de la historia.