Después de la “canonización” de Santiago Carrillo, el mayor asesino y delincuente de la reciente historia de España, casi aclamado, en primer lugar, por plebiscito popular, ¡santo! ¡santo! ¡santo! como “el otro”, y después por los conocidos tertulianos de siempre y los respectivos conductores de esas tertulias y por el mundo político de la “casta”, derecha, izquierda y centro que está asfixiando este pobre país llamado España, o lo que parece que quede de ella dentro de un rato, desde el Borbón, a los principitos, al jefe del Gobierno y de la oposición, hasta el último conserje del Congreso de Diputados y todos los repartidores de lotería de la ONCE que no pueden ver los telediarios, estos tertulianos, digo, nos siguen mintiendo descaradamente, como cosacos embriagados de vodka y representándonos la historia de nuestra patria al libre albedrío de su mala fe o de su manifiesta ignorancia como si esta tierra fuera “Neverland” (“La isla que no existe”), el territorio por donde se mueve Peter Pan, el personaje salido, en el 1904, de la imaginación James Matthew Barrie. “Sólo los niños pueden acceder a ella gracias a su imaginación, siguiendo la segunda estrella a la derecha y después todo recto hasta el amanecer”. Así que los tertulianos de las tertulias nos siguen creyendo niños aunque los verdaderos Peter Pan, con su imaginación de calenturienta mala fe o por ignorancia sean ellos. Si fuera por la primera serían delincuentes informativos, algo que no creo dada la escasez de su formación histórica-cultural. Si por la segunda aún peor, decía Goethe que “no existe nada más peligroso que la ignorancia activa”.
Pues bien, es de hacer notar que estos activistas de la ignorancia hablando de la Segunda República Española, nacida de unas elecciones municipales y no generales, tal y como había previsto la Corona, no fue un plebiscito popular a favor del movimiento republicano. Bastaría que estos tertulianos de las tertulias se dieran un pequeño paseo por los documentos y libros de historia. Reproduzco un trozo de esta historia que está al alcance de cualquiera que desee ponerse en contacto con la verdad. Insistimos en que unas elecciones municipales no tienen el valor institucional que otras generales como para cambiar de régimen político. “Tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, y el fracaso de la Dictablanda del general Berenguer, el rey Alfonso XIII decidió nombrar, en febrero de 1931, al almirante Juan Bautista Aznar para que presidiera un gobierno de concentración monárquica. Este convocó elecciones municipales, en vez de generales, para el 12 de abril de 1931. Lo que se elegían eran unos 80.000 concejales en todos los ayuntamientos de España, pero lo que estaba realmente en juego era la continuidad de la propia monarquía renacida de la Restauración de Alfonso XII, “dónde vas Alfonso XII, dónde vas triste de ti…”. El lunes, 23 de marzo, quedaron establecidas las garantías constitucionales; se suprimió la censura y se reconoció la plena libertad de reunión y asociación. El día 5 de abril tuvo lugar, con normalidad, la presentación de las candidaturas de 81.099 concejales en los 8.943 distritos electorales de España. En la primera fase de esas elecciones municipales del 5 de abril de 1931, salieron elegidos 14.018 concejales monárquicos y tan sólo 1.832 republicanos. En ese momento nadie hizo referencia a un plebiscito popular y menos que nadie los republicanos que habían sido literalmente aplastados por el veredicto de las urnas. El 12 de abril se celebró la segunda fase de las elecciones. De hecho, frente a 5.775 concejales republicanos, los monárquicos obtuvieron 21.150, prácticamente el cuádruplo del republicano. Y eso contando con que Saborit, concejal del PSOE por Madrid hizo votar por su partido a millares de difuntos. El general Sanjurjo, que debería haber mantenido el orden constitucional protegiendo los derechos legítimos de la Monarquía declaró, en un acto de traidora rebeldía que no movería ni un dedo para defender a la Corona de frente a los republicanos”. El rey Don Alfonso XIII tomó todo esto como una desafección popular contra la monarquía y contra su persona. Ese momento dubitativo de la cagalera de Alfonso XIII lo aprovecha, inmediatamente, Cataluña para proclamar su independencia, el 14 de abril, del resto de España. Los republicanos, por su parte, exigen el inmediato exilio del Rey, la misma tarde del 13 de abril, sin esperar la convocatoria de unas generales que hubieran determinado el futuro del país. La República, que esto quede claro y de una vez para siempre, nace ilegítimamente de un fraude electoral y no viene elegida sino proclamada con innegable parcialidad. Al día siguiente media España estaba ya ardiendo con sus iglesias semidevastadas por el fuego. El “no es eso, no es eso” el grito amargado de José Ortega y Gasset, uno de los padres del movimiento republicano, se oyó en todos los foros internacionales que no quisieron escuchar los cantos de sirena de la falsa democracia republicana española. Los libros de Gregorio Marañón, otro “padre republicano”, junto a Ortega y Pérez de Ayala, ardieron en piras republicanas ¿saben todo esto los tertulianos de las tertulias? ¿Si no lo saben por qué no lo aprenden? ¿Y si lo saben por qué se callan?
Otro latiguillo habitual es el hablar de la dictadura franquista ¡Cuidado! Sería más acorde con cuantos hemos vivido aquellos años hablar sí de un régimen militar autoritario que, con el tiempo se transformaría en una especie de dictablanda, con sus “planes estabilidad”, de los ministros de tendencia liberal-opusdeista, López Rodó, López Bravo, López de Letona, la nueva ley de prensa de Fraga Iribarne, orden y seguridad ciudadana a cualquier hora del día y de la noche, facilidades para adquisición y alquiler de viviendas… Bueno, atisbos de “libertad vigilada”, no tan lejana de la que disfrutamos hoy con las dictaduras de “las castas” partitocráticas, sindicales y prensa dependiente de los poderes fácticos, políticos y económicos.
Por otra parte todo el mundo sabe que con el establecimiento del frente popular comunista la situación era insostenible y la guerra civil inevitable, se masticaba en toda la población y nadie hizo nada por evitarla porque la Pasionaria y sus “camaradas stalinistas” confiaban en el triunfo de la “dictadura del proletariado”, antes o después, siempre a corto plazo. Toda revolución y la sublevación de Franco fue una revolución se hace con las armas en la mano. Decía Carl von Clausewitz que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Franco la aplicó a la perfección. Media España, la de la derecha, más o menos conservadora y liberal le dio su apoyo. Y gracias a Dios ganó la guerra. La otra media, más o menos, en su mayoría, las izquierdas anarquistas, comunistas y los liberales que de buena fe creían en los valores republicanos adhirieron a la Constitución republicana y, afortunadamente, perdió la guerra. Y aquí no hay más madera que la que arde.
Las imágenes de nuestro monarca charlando, amigable y divertidamente con el ex presidente Bill Clinton son simpáticas. De todas formas ¡vaya usted a saber de qué hablaron en realidad! ¿de cuándo Mónica Lewinsky se la fumaba en la estancia oval presidencial? De todas formas conversaciones desaprovechadas, como su visita al New York Times que ha difundido las fotografías de un artista catalán de una España hambrienta que de noche se alimenta en los contenedores de basura, como si fueran las inolvidables escenas chaplinianas de “El Chico” en tiempos de la depresión americana. El Rajoy fotografiado junto al moreno Obama y consorte tendría que haber puesto encima de la mesa presidencial eso que ponen las gallinas y hacer una protesta formal de cuanto han difundido esas vergonzosas escenas de oprobio a la dignidad de España. Y darle a entender, de paso, que una nación tan pobrecita y desastrada como la nuestra no tiene los recursos suficientes para cooperar, ni un minuto más, con los intereses militares, que no son otra cosa que los económicos, estadounidenses en Afganistán. El toma por el daca. Personalmente estoy siempre en contra de las rectificaciones. “Rectificar, – nos dijo un vez un antiguo director del Times londinense – es dar dos veces la noticia”. Yo sugeriría otra cosa: volver a repetir, diversas veces durante una semana, el film documental, “Fahrenheit 451donde su director, el americano Michael Moore, cuenta las vergüenzas de Los Estados Unidos. Pero, parece que no, de eso nada. Una vez más oportunidad perdida. Somos el hazmerreír del universo mundo. Nuestra imagen internacional está por los suelos ¿Quién la defenderá de tantas afrentas a su dignidad nacional? ¿”El Corte Inglés”? ¿Inditex con sus tiendas Zara repartidas en el mundo entero? ¿O quizás los churros de San Ginés vendidos en Shangai?