Ha dicho el Rey en Barcelona, junto a Artur Mas, y al conde de Godó -editor de La Vanguardia secesionista-, ante el secretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone, que no se puede negar la gravedad de la situación ni se puede caer en el desánimo. Y esto declara el monarca en el mismo día en el que Mas anuncia ante el parlamento catalán la convocatoria de elecciones anticipadas para iniciar un proceso ilegal de autodeterminación catalana a favor de la independencia.
La cortesía del encuentro, en lugar sagrado, hace olvidar la queja de Mas y del nacionalismo catalán ante la reciente carta del Rey, en la página web de la Casa Real, en la que dijo que el momento no es para promover “quimeras” en alusión a la independencia de Cataluña que promueven los dirigentes de CiU. Es decir la alta burguesía catalana, la dueña y señora de bancos y empresas que hacen su negocio esencialmente fuera de Cataluña y en el resto del Estado español, lo que calla y oculta Mas en sus discursos y lo que se empieza a poner en riesgo por la demencial deriva de Mas y de su clan empresarial, financiero y mediático de poder.
En medio de la melé nacional las prioridades de los gobernantes y de la oligarquía económica y financiera del país son cada vez más confusas. Los jefes del Gobierno y de la oposición quieren, en primer lugar, salvar sus propios muebles o posiciones de poder, pero a la vez unos y otros y la clase dirigente y poderes fácticos se afanan en poner a salvo el “Régimen” nacido de la transición y de los privilegios sin control que se reparten en los altos palacios y salones del poder político y económico español. Los que ahora se resisten, unos y otros, a una reforma constitucional que ponga en marcha el fin de la partitocracia, la reforma del sistema electoral y del Estado de la Autonomías, que dé solución la falta de controles democráticos de la vida pública y que garantice la separación de los poderes del Estado.
En medio de este caos el Gobierno de Rajoy está paralizado, y se muestra incapaz de tomar decisiones importantes tales como el cierre de Bankia y demás bancos en quiebra; poner en marcha el rescate de la banca por la UE, o de pedir el rescate de la deuda española, y es incapaz de hacer frente al secesionismo de CiU dando la cara ante la ciudadanía y aplicando la ley y la fuerza de la Constitución. El Gobierno de Rajoy se niega a la reforma de la Constitución, que empieza a ser un clamor que exigen ahora los ciudadanos, y desde el PSOE se aumenta la confusión al pedir una España confederal -con ¡15 Estados federales!-, una ocurrencia con la que pretenden evitar la imparable ruptura del PSC catalán.
En medio de la tormentosa situación los servicios de inteligencia del Estado parecen también desbordados, por el cúmulo de frentes que tienen abiertos, mientras crece el malestar en ciertos sectores del Ejército desde donde algunos colectivos amenazan con llevar ante los tribunales a dirigentes catalanes que desbordan el marco constitucional. Y Rajoy, en Nueva York, dicen que a mejorar la imagen de España, pegado al teléfono para saber lo que ocurre en el país, y recuperando la alianza de Civilizaciones de Zapatero (sic), mientras bajo su mandato España hace piruetas al borde de la quiebra y de la ruptura constitucional. En cuanto a la imagen del país, la nota la dio ayer The New York Times que celebró la visita del Rey a su Consejo Editorial con un reportaje en portada de la España del “hambre” (sic) y de la desolación social.
El Régimen se tambalea y nadie desde el poder público se atreve a proponer su reforma en profundidad pero el deterioro y sus crisis son imparables y tarde o temprano caerá.