Estupefacto me he quedado. Pep Guardiola, el adalid del independentismo catalán, no descarta entrenar a la selección española. Pero vamos a ver, Pep. Con lo congruente que tú eres, ¿qué pasa, que Cataluña se te queda ahora pequeña? Porque si fueras coherente contigo mismo, tu aspiración debería ser entrenar a la selección de tu país, que como ya te has encargado de recordar en Europa es “un país dentro de otro país”.
Aunque ya jugaste con la selección de ese país del que siempre has renegado. Que no te critico por renegar. Si no por no actuar en consecuencia.
Lo peor no es sólo que tú no lo descartes, sino que con Villar como presidente federativo, no es imposible que suceda. El bilbaíno, firme aspirante a suceder a Platini en la presidencia de la UEFA, probablemente dejará el cargo sin haber conseguido que España organice un Mundial o una Eurocopa pese a haber ocupado el sillón durante hasta ahora veinticuatro años.
Y lo abandonará también después de haber contratado como máximo responsable del fútbol de nuestro país a otro españolista de pura cepa, y que ‘vendía’ bien nuestra imagen: Javier Clemente. Un ejemplo para los niños, dentro y fuera de los terrenos de juego. Un ejemplo de lo que no hay que hacer, vaya. Nacionalista, maleducado, socarrón y pendenciero.
Y es que no se trata de ponerse corbata, pedir el DNI ni de preguntar las convicciones políticas de cada uno, pero por favor, algo de coherencia. Una persona que proclama “un voto más para la independencia” de una comunidad autónoma de un país no merece entrenar a la selección de esa nación.
Espero que a Villar y compañía no se les pase por la cabeza el nombre del de Santpedor como posible sustituto de Del Bosque. Alguien me dirá que Capello ha entrenado a Inglaterra, o técnicos extranjeros a selecciones foráneas, pero en esos casos, ninguno de esos seleccionadores era partidario de la segregación de los países de las selecciones a las que dirigían. ¿Se imaginan a Guardiola vendiendo la independencia para Cataluña como seleccionador español? Inconcebible.
El Guardiola entrenador, chapeau. Por su saber estar, sus conocimientos futbolísticos y su comportamiento, ha merecido siempre mis elogios. Tanto, incluso, que mis interlocutores me miraban con extrañeza al conocer que me tiraba el color blanco. Más de uno, hasta se molestaba porque le parecía incompatible mi encendida defensa con mis simpatías futbolísticas.
Pero el Guardiola político, no debe tener cabida en la Selección. Por mucho que fuera el mejor entrenador de la historia del fútbol mundial. Señores, que ser seleccionador español es algo muy grande. Y ese señor nos representa a todos.
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