No está previsto que el Madrid y el Barcelona jueguen a las doce de la mañana ni el lunes por la noche. Los saboteadores de Vallecas consiguieron ver al Madrid en lunes. Pero no sucederá más. La afrenta se ha producido por el atentado de individuos, aún no identificados, que dejaron el estadio el domingo noche sin fútbol al cortar los cables de las luces. Ganó el Madrid y nadie recordará detalles de buen fútbol. Fue un tostón. Podía haber sido suspendido para siempre.
El partido, sin embargo, tenía más interés por la alineación de Mourinho que por once puntos de distancia con el Barça con que se había acostado el equipo el domingo. Los socios estaban expectantes por comprobar si el entrenador levantaba el castigo a Sergio Ramos a quien había marginado por osar contradecir una ideas suyas.
En Vallecas, con luz, jugó Sergio y también fueron alineados Essien y Modric. A Mourinho le ha costado aceptar a Benzema en la titularidad y esta vez también se decidió por él. El francés no le defraudó en su faceta goleadora porque en el minuto trece aprovechó un gran pase de Di María para poner el partido de cara. Después, a la hora de los cambios, el entrenador madridista recurrió a Higuaín por Benzema y mandó a la caseta a Modric para que entrara Ozil. Cuando el Madrid, por medio del penalti marcado por Cristiano, entendió que el partido estaba sentenciado su entrenador en un acto de alegría retiró un delantero, Di María y recurrió a jugador defensivo como Khedira. Si dirigiera un equipo de la media liga sacaría todos los días el autobús.
El Rayo no se amilanó a pesar de la desventaja y pudo a prueba a Casillas. Al Madrid le costaba sentenciar el partido y llegó a darse la circunstancia de que los rayistas hubo minutos en que dominaron más el balón. El Madrid sigue sin encontrarse fino. Pierde la pelota como un conjunto mediocre y, si llega el caso, renuncia a la misma porque le basta encontrar el contragolpe que le da tan buenos resultados. Es el juego que le gusta a Mourinho.