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Con el pelo negro recogido, un vestido amarillo y zapatos de tacón rojo, Norah Jones ha abandonado momentáneamente el teclado para colgarse la guitarra y seguir desgranando temas, con sinceridad y sencillez, lejos de los aires de diva que lucen otras superventas.
Norah Jones empezó en el mundo de la música por todo lo alto, ya que consiguió vender 25 millones de ejemplares de su primer álbum, cuando sólo tenía 22 años.
Los temas de aquel disco y los que siguieron hicieron que la revista Billboard la nombrara mejor artista de jazz de la década 2000-2009.
Un honor que no ha impedido que, a lo largo de estos diez años, Jones haya viajado del jazz y el soul hacia el pop, el folk, el country y el ambient, con versatilidad y su talento.
Pero esta mujer de aspecto candoroso y fina sensibilidad, no ha olvidado sus orígenes, como ha demostrado hoy cuando se ha sentado frente al piano para interpretar Don’t know why.
El público, hasta ese momento tranquilo y pausado como la música de Jones, ha agradecido el cambio de tercio y ha aplaudido con vehemencia, especialmente cuando la banda ha dejado sola a la cantante y la joven ha vertido su prodigiosa voz con el único apoyo de su piano.
Esta parte del concierto estará pronto colgada en youtube, porque muchos de los presentes han aprovechado la buena sonoridad del concierto para sacar sus móviles y grabar.
Tras la clásica melancolía de Don’t know why, la neoyorquina se ha hermanado con la nostálgica oscuridad de Tom Waits en Sinkin’ soon y finalmente ha vuelto a ponerse frente al teclado para volver a su último disco y dejar claro que su nueva manera de expresarse enlaza con sus anteriores trabajos.
Jones ha añadido texturas pero no ha borrado las anteriores y ha sumado sonoridades sin perder personalidad, como han comprendido los espectadores de este concierto, que, tras caldearse con los temas más cercanos al jazz y el soul, han acogido con entusiasmo la recta final del concierto, con temas nuevos como Happy pills.
La cantante ha rejuvenecido con esta canción, que tiene una melodía ligera, pero no habla de alegrías, sino de desengaños y abandonos, basados en recientes experiencias de la cantante.
Norah Jones ha perdido la inocencia, como han reflejado las palomas blancas de la escenografía, que han quedado ocultas tras los focos lilas en los temas más oscuros.
“Estoy en mi ciudad favorita. Y esto no lo digo siempre”, ha asegurado la cantante, que realmente no necesitaba adular a la audiencia para meterla en el bolsillo.
Pero como agradar siempre es gratificante, Norah Jones ha premiado a su entregado público barcelonés con tres bises muy deseados: Sunrise, Creepin’in y Come away with me, el tema que la encumbró hace diez años, y que le ha permitido consolidar una carrera y ofrecer pruebas de que no es sólo una hermosa joven con una bonita voz.