No podía ser de otra manera, aunque las ambigüedades de Rajoy dejaban abierta la hipótesis de la equivocidad, que cada cual entendiera lo que le venga en gana. En este caso la respuesta ha sido NO, un inequívoco NO y el presidente de Cataluña lo ha entendido y lo ha explicado con sinceridad. El único “pacto fiscal” que le preocupa a Rajoy es el que se añade a los Tratados Europeos, que forma parte del problema actual.
Y precisamente por el “Fiscal Compact” como se conoce al Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria o Tratado de Estabilidad Financiera que entrará en vigor en enero del 2013, el presidente Rajoy tenía que decir a su interlocutor que ni es momento, ni es materia, ni es posible. En realidad el viaje era innecesario y Mas lo sabe, en la Moncloa no podía decirle otra cosa que lo que el han dicho, el llamado “pacto fiscal” es una milonga, el asunto de fondo es otro.
El problema de fondo es que el recado que traía Artur Mas no es viable, lo explicó en la conferencia de prensa: “no es cuestión de dinero, esto va de reconocimiento de la diferencia”. Más aún, Artur Mas sostiene, y no le falta algo de razón, que esto de las comunidades autónomas vino para encajar el viejo problema catalán y vasco y no ha salido bien. Pero también es cierto que la demanda de descentralización existía; otra cuestión es que cursara con autonomía legislativa y otros excesos añadidos.
Desde Cataluña reclaman bilateralidad, tratar al mismo nivel con el estado Español, a España, una realidad que no acaban de entender o que no quieren admitir. Todo lo cual conduce de nuevo a la “conllevancia” que recomendaba Ortega y que acabó compartiendo Azaña tras años de intentar el entendimiento.
El problema no es tan grave como algunos pretenden, es el viejo problema, frente al que no han servido las aproximaciones, incluida una cesión de competencias típica de un estado federal clásico, aunque no se reconozca como tal.
En Cataluña, personas inteligentes, al tanto de los precedentes y del caso, dicen que no cabe retorno a la melancolía, que solo hay dos opciones: o el reconocimiento del estado federal con más autonomía, lo más parecido a soberanía que incluye el reconocimiento nacional, al menos de una nación sin estado, o el camino a la independencia. Lo que no sea eso llevará a la melancolía y la frustración.
Y puede que tengan razón. Otra cuestión es lo que el resto de España sea capaz de entender, de asimilar. Los bolos están puestos para que las cosas vayan mal, hacia una creciente incomodidad, incluso hostilidad y un aislamiento, que empobrecerá a casi todos, excepto a los que, en ambas orillas, viven del lío y en el lío. De momentos esos son los que van ganando.
La nota oficial del Gobierno, a falta de explicaciones que no vendrían mal, es larga, tediosa, pero es lo que hay, como muy bien ha entendido el presidente Mas. Otra cuestión es por donde tira CiU y como gestionan la quimera; los de ERC le esperan con media sonrisa y los brazos muy abiertos.
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