Nº 1467 -  19 / IV / 2014 
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Retablos financieros

Liquidez, que no falte

Primo González
 

Japón y Gran Bretaña acaban de anunciar en las últimas horas sendas operaciones de inyección de liquidez en sus respectivos sistemas bancarios. La Reserva Federal de Estados Unidos se les adelantó la semana pasada poniendo en marcha un programa de compra de activos que persigue los mismos objetivos. Entre tanto, el BCE se mantiene atascado, a la expectativa de lo que puedan decidir algunos de los países de la Eurozona, en particular España, que podría ser la puerta de entrada a una etapa de inyecciones masivas de liquidez por parte del banco emisor de la Eurozona. Europa mantiene una preocupación obsesiva por la inflación, que en principio es la derivada de los aumentos de liquidez, pero en paralelo está cosechando una paralización crediticia y económica que nos va a situar a la cola del mundo en cuanto a crecimiento.

La actitud parsimoniosa del Gobierno español, que sólo será receptor de la liquidez del BCE que se nos ha prometido si previamente hay una solicitud de rescate por parte de España, está contribuyendo a frenar la política expansiva del BCE y, a la postre, está condicionando también una necesaria expansión del crédito en Europa, no sólo en España, que resulta determinante e imprescindible para relanzar la actividad económica. De alguna forma, España se ha convertido en el eje de los problemas europeos en lo tocante a la liquidez de los mercados ya que el deterioro de la calidad de los activos españoles no sólo ha tensado la prima de riesgo española sino que ha trasladado al conjunto del mercado una notable carencia de fluidez en las transacciones entre países. Las empresas que actúan en ámbitos supranacionales están pagando las consecuencias.

En estos momentos, los bancos alemanes y, en menor medida, los franceses y los británicos, han reducido su operativa en el mercado español y han retirado cifras importantes de dinero, que se han refugiado en sus propios mercados, produciendo un efecto nocivo sobre los tipos de interés de los principales países europeos. El dato posiblemente más significativo de esta estado de cosas es el hecho de que Alemania siga financiándose, desde hace más de dos meses, con tipos de interés negativos o muy bajos, como se ha visto en la subasta que se ha celebrado hoy mismo en dicho país.

Por alguna parte habrá de romperse este círculo vicioso, que tiene paralizados los mercados europeos de financiación y que ha generado agravios comparativos espectaculares entre los tipos de interés de los países que forman parte de la Eurozona, un problema que no comparten ni Japón, ni Gran Bretaña ni Estados Unidos, que cuentan con mercados financieros integrados y únicos.

La aceleración de la unión bancaria en la Eurozona es, por lo tanto, un requisito esencial para salir cuanto antes de este atolladero. Se dice habitualmente que el euro no tiene vuelta atrás y que sólo se puede actuar mediante una profundización de las políticas europeas de ámbito común. Pero lo cierto es que estas políticas están o paralizadas o avanzan a paso de tortuga. La unión bancaria, mediante la conversión del BCE en un banco central responsable de la supervisión a escala europea, parece un paso imprescindible para lograr que la confianza vuelva a las entidades financieras de toda Europa y, con ella, la fluidez de las transacciones financieras. Por desgracia, en este asunto de importancia central, Alemania está desempeñando un papel de freno más que de activo impulsor del cambio.

La inyección masiva de liquidez del BCE comprando deuda española e italiana podría contribuir en buena medida a acelerar estos cambios en la medida en que se reforzaría la confianza en los agentes financieros de la Eurozona y disminuirían los diferenciales de tipos de interés, que son una fuente de distorsión financiera y también económica considerable.

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