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En concreto, el magistrado les responsabilizaba de la tragedia por desconectar el RAT, la sonda que mide la temperatura exterior, lo que habría desconfigurado el avión y los sistemas de alarmas.
Los magistrados acuerdan ahora abrir la vía civil para seguir con el proceso de indemnizaciones a las víctimas. En este sentido, la sección cree que debe haber un procedimiento civil contra la compañía Spanair como responsable directo de la catástrofe ante la muerte de los pilotos.
En el auto, los magistrados esgrimen que la responsabilidad final de la tragedia fue de los pilotos, exculpando a los mecánicos de Spanair. Así, explican que se les olvido desplegar los flaps y slats, es decir, los alerones del avión que permiten que el avión pueda tomar altura.
La sección comenzó el pasado lunes a deliberar acerca de los catorce recursos interpuestos por las partes. El principal recurso se refería al presentado por la Asociación de Afectados del Vuelo JK5022 contra el auto dictado por el juez Javier Pérez que procesaba sólo a dos técnicos de Spanair como responsables de los hechos.
Las víctimas piden responsabilidades
La Asociación de Afectados del Vuelo JK5022 quería que se ampliara el número de imputaciones a los directivos de la compañía española, un extremo que rechazaba tanto el juez como la Fiscalía de Madrid.
Las víctimas y familiares de los fallecidos se mostraron en general decepcionados tras conocer el archivo de la causa penal. María Loreto Mercedes, una de los 18 supervivientes, lo tachó de “vergüenza” manifestó estar “absolutamente desolada”.
“¡Qué horror!”, dijo, en declaraciones a Europa Press. ”Este accidente no fue fortuito. Sabemos lo que pasó. Esta compañía es impresentable y ahora se va de rositas. Los pilotos tuvieron la culpa, pero no fueron los únicos”, aseveró y señaló a los dos técnicos exculpados. ”Si el avión hubiera estado bien, esto no habría pasado”, recalcó.
En cuanto a la vía civil, aseguró que no les preocupa. “Nos importa la vía penal. Llevamos cuatro años. Me deja sin palabras”, dijo.
Loreto sufrió el 20 de agosto de 2008 fracturas en las rodillas, en las piernas, en el rostro y en los tobillos. Natural de Monforte de Lemos, tomó junto a su hija el avión JK5022 de Spanair para regresar a Las Palmas de Gran Canaria tras terminar una comisión de servicios en las Islas Seychelles, al noroeste de Madagascar.
Su especialidad es medicina intensiva, especialmente medicina de catástrofes. Eso le salvó la vida. La mujer se sentó en la segunda fila del avión, mientras que su hija, que falleció, iba unas plazas más atrás.