El sentimiento catalán de ser expoliados
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Puede que las dos caigan en la trampa de lo muchas veces “grotesco” de los periodistas y fotógrafos, como ha calificado la propia Casa real británica con este último altercado del topless de doña Catalina, y puede que, a su vez, la prensa rosa se trague su propio anzuelo y aprecien la imagen que ahora se quiere ofrecer: el victimismo y la elocuencia.
Flagrante es el error, pues las similitudes de Catalina de Cambridge a Diana de Gales no son ni parecidas, ni mucho menos razonables. Puede que los viajes sean similares, que la primera se gane a su público en estilo o que la segunda fuera más desgraciada; e incluso que todos las comparemos aunque las comparaciones sean siempre odiosas. Pero lo que está claro (y me apoyo en un reciente artículo del New York Times) es que Catalina es una sosa mientras Diana sigue siendo un personaje que interesa 15 años después de muerta.
Guillermo insiste, quizás con una percepción más traumática que real, en que no quiere para su matrimonio la desdicha que tuvo su madre en vida, pero la verdad es que, mientras el matrimonio entre Diana y Carlos estuvo siempre apellidado por la polémica, el suyo con Kate es periodísticamente aburrido, uno de esos en los que sólo se puede recurrir a unas instantáneas de un “topless” malavenido.
Es razonable pensar que ya nadie o muy pocos quieran ver a las doñas reales cumpliendo años con imágenes de fotógrafas nacionales, ni nos creemos las fachadas de sus familias cuando vivimos en tiempos en los que todo sale a la luz a golpe de red social (aunque se empeñen en actualizar sus webs para evitarlo).
Y es que, como supimos este martes, Catalina se ha salido con la suya consiguiendo (y celebrando) que los jueces galos censuren, literalmente, las fotografías de la única polémica que alguna vez pudo tener, volviendo a tenerlo todo bajo control, revistiendo esa cara de la felicidad y alegría.
Y, desde luego, Guillermo puede estar tranquilo, porque mientras su madre continúa teniendo exclusivas, films, novelas y teleseries en nuestro recuerdo, el interés que suscita Kate seguirá siendo directamente proporcional al tamaño de sus pechos.