Tras la manifestación del 11 de septiembre en Barcelona (asistencia entre 1.5 millones y 600.000, población total de Cataluña casi 7.5 millones), el Sr. Mas afirmó textualmente que había recibido “un mandato de la calle”. Sorprendente. En democracia, “la calle” no da mandatos. Como mucho se manifiesta, aprueba, desaprueba, tensiona pero en democracia (incluso en una democracia tan baqueteada como en Cataluña donde se ignoran sentencias de los más altos Tribunales) no da mandatos. Los mandatos se dan por los ciudadanos en las urnas. Si quiere un mandato, que convoque elecciones y que en el programa de su partido o coalición diga explícitamente que quieren la independencia. Ese “mandato” que invoca es una muestra más, a unir a otras declaraciones suyas esos días, de que su propósito no es llevar este tema por la vía de la legalidad vigente que sabe la plantea obstáculos infranqueables como por la vía, como buen nacionalista, del victimismo, las emociones, los sentimientos, la falsa identificación no ya con “el “pueblo” sino con “un” pueblo.
La importante manifestación marca un salto cualitativo a tener en cuenta. Confluyen muchas causas, señalemos dos. Una, la infatigable tarea de “fer país” con instrumentos desde la llamada “normalización lingüística” y la educación hasta todo un conjunto variado de discriminaciones a favor de unos y en contra de otros en su territorio. Dos, la causa más inmediata de la bancarrota económica propia que se quiere ocultar echando la culpa de todo al dinero que “nos roba Madrit”. Mucha, muchísima, cada vez más gente de buena fe y convencida se suma a las vanguardias que saben hacer muy bien su trabajo de “agit-prop” mientras los gobiernos de la nación, del color que sean, miran para otra parte.
Ví en la televisión durante la marcha a una señora de edad que hablaba indignada de “los políticos corruptos”. No parecía estar pensando en los suyos sino en los de siempre. No recordaba Banca Catalana, Casinos, Prenafeta, De la Rosa (todos a anotar a Pujol Sr.) ni los condenados e indultados de Unió ni el famoso 3% enterrado de común acuerdo ni el caso Palau ni el actual de las ITV (a anotar a Pujol Jr.). No son los únicos pero allí no hay corrupción, como dijo Pujol Sr. Reina el “oasis catalán” frente a la basura de “Madrit”. La manifestación también sirve para tapar eso.
Con esfuerzo pero cabe entender el nacionalismo, un invento de las burguesías del XIX siempre opuesto por eso que entonces se llamaba los partidos y los sindicatos obreros. Por eso, resulta difícilmente entendible el alineamiento con tesis nacionalistas por parte del PSC y de EU y de los sindicatos. Opera ahí un curioso “síndrome de Estocolmo”, un afán de parecerse y de caer bien a los nacionalistas que lleva en muchos casos a que parezcan y aparezcan como copia de los originales. Olvidan que entre el original y la copia, el ciudadano opta por el original.
Hay una frase de Colin Powell que tomo prestada de un reciente artículo de un amigo: “No pidas demasiado por si te lo conceden”. Por si acaso, Mas nunca ha pronunciado la palabra “independencia”.