Que sufrimiento en el Bernabeu, a tres minutos del final el Manchester Citty derrotaba por 1-2 al Real Madrid y Mourinho, desencajado, se veía camino del cadalso periodístico con Cristiano mas entristecido que nunca y Florentino inmerso en una profunda crisis del club. Pero la furia blanca, mientras el fondo norte gritaba ¡Gibraltar español!, ¡Gibraltar español! se desencadenó como una tormenta perfecta y primero Benzemá y después Cristiano le dieron la vuelta a un partido espectacular. Y Mou, enloquecido se lanzó patinando por el césped del estadio, con la misma actitud y rabia que Ronaldo porque sabía de la importancia de esta victoria para él, para el portugués, para Florentino y para la afición del club blanco. “El señorío del Madrid es morir en el campo, y hoy lo hemos visto y los jugadores se fueron cansados a su casa”. Y es verdad, el equipo se dejó la piel en el campo, disparó mas de veinte veces a la puerta del Citty, corrió, acosó el área contraria, y sufrió de lo lindo y hasta el último segundo, frente a un Manchester Citty que no estuvo mal y que contó en su primera parte con el genial Silva aclamado por todo el Bernabeu cuando abandonó el terreno de juego en el que los ingleses construyeron una linea defensiva casi infranqueable, hasta que el gran Marcelo abrió la portería enemiga cuando el Madrid perdía uno a cero, tras un contraataque perfecto del club inglés.
Como se dice en estos casos fue un partido épico para el Madrid, una remontada dramática y furiosa que impone un remanso de paz en el club y abre expectativas de recuperación. Y la pregunta es ¿por que ha de sufrir tanto el Madrid para ganar? Pues porque la cosas no van bien dentro del vestuario blanco. Se vio en la ausencia de Sergio Ramos, castigado por Mou por mas que lo desmintiera el entrenador, como ha marginado a Benzemá, o a Ozil al que alineó al final del encuentro en compañía de Modric buscando la inteligencia de los dos pequeños del Madrid que fueron decisivos en la remontada. Mou jalea, presiona, protesta pero no hace equipo ni tiene un once ideal, porque cambia de “aliados” en el vestuario -los portugueses son sus preferidos- y de estrategia y de opinión con demasiada facilidad. El es así, mete presión, pero en la escuadra blanca no existe una partitura habitual, no es una orquesta sinfónica como el Barça sino mas bien una orquesta de Jazz, donde brillan los solistas y a veces se suman todos los demás.
En fin, menuda racha llevamos. España se ha convertido en un país de sobresaltos donde nadie está en su sitio y donde se mezcla todo, política, economía, fiesta, deportes y encuentros y desencuentros de todo orden que, cómo no, han acabado por llegar al deporte nacional, el fútbol, por más que la envidia y la autodestrucción parecen ser, de un tiempo a estar parte, aficiones compartidas por muchos españoles y por sus dirigentes políticos. Ahora le ha tocado el turno al Real Madrid que ayer se vio las caras con el Manchester City en la primera ronda de la Champion League, donde los blancos han caído en el “grupo de la muerte”, por la calidad de todos sus adversarios. Grupo mortal y bien que le vieron los madrileños las orejas al lobo de Manchester, pero al final cazaron al aimal sabiamente conducido por Solva, Yaya Turé y por ese tigre de bengala que es Tevéz. ¡Menos mal!
Llevamos varias semanas en España y en la capital del Reino de alta tensión y con la esperanza de que cambien pronto el viento, llueva un poco y se normalice la situación. Con esa ilusión fuimos ayer al Bernabéu, porque hay que estar al pie del cañón, como cuando fuimos a la final de la Eurocopa de Kiev donde España goleó a Italia (4-0), o como cuando estuvimos, hace solo un par de días a Nimes a ver el milagro de San José Tomás (11 orejas y un rabo), del que buena cuenta dimos aquí en vivo y en directo y no como otros. Porque se cuenta en Madrid que son legión los que dijeron que habían estado en Nimes y contaron lo ocurrido, y son legión los que cuentan lo de José Tomás y no han estado e Nimes, y los que lo cuentan, porque se lo contaron otros que si estuvieron, lo de los seis toros mágicos de José Tomás.
Lo cierto es que en Nimes y en Kiev solo han estado Vicente del Bosque y Marcello. Que también fueron al Bernabéu a ver al Real con el City, porque las noticias están en los anfiteatros y en los Estadios, o en los bares y tabernas e incluso en el Congreso de los Diputados donde hoy velará sus armas Rajoy (a la espera de la visita de Artur Mas), perseguido por un sin fin de cámaras y periodistas para preguntarle por la Diada, la carta del Rey “bloguero” en su página web (pronto veremos al monarca en Twitter), por la muerte de Carillo, por la espantada de Esperanza y su sucesor, por el rescate de España a manos de la UE, etcétera. Es decir por todos esos líos y algarabías que sacan de quicio al presidente del Gobierno quien a buen seguro vio el partido con gran sufrimiento por televisión, temeroso de que una derrota de los blancos echara al pueblo de Madrid a la calle al grito de “¡porco Governo!, como ocurre en Italia.
España es así, impetuosa, diversa y complicada. Y apasionante por eso el presidente del Barça, Rossel, dice que aunque Cataluña logre la independencia el Barcelona seguirá jugando la liga española, tal y como Mónaco -que es un pueblo de princesas de pitiminí- juega en la liga francesa. O sea que se quieren ir pero se quieren quedar para guerrear con el Madrid y no perder los derechos audiovisuales del fútbol y los dineros de la Fundación Qatar que, en caso de independencia, se irían al Real Madrid porque el Emir es amigo del Rey quien, lógicamente, es del Real.
O sea, que gran victoria en el Bernabéu, entreacto en el Congreso de los Diputados, y final del drama este jueves en el encuentro de Moncloa donde se verán las caras Rajoy y Artur Mas. Un asunto del que a buen seguro nos dará noticias en directo la web de la Casa Real.