Entre 1987 y 1997 Paul Verhoeven rodó una delirante trilogía de ciencia ficción -”Robocop”, “Desafío total” y “Starship Troopers”- que, aparte de entretener, mostraba un mundo dominado por tiranías fascisto-empresariales. Su principal virtud crítica, llena de ironía, era el uso que los déspotas hacían de los medios de comunicación para la manipulación sistemática de las masas.
La mejor de las tres películas fue, sin duda, “Desafío total”, un espectáculo de acción al servicio de Arnold Schwarzenegger que nos trasladó a un Marte mal colonizado para sugerir una severa crítica a un sistema corrupto. El filme, basado en un relato de Philip K. Dick, salió bastante bien, uno de los mejores en su género. ¿Para qué entonces rodar un remake tan solo 22 años después?
“Total Recall”, que acaba de estrenarse en España, parte del mismo relato de Dick para prácticamente contar la misma historia. Ahora Marte se ha convertido en Australia, hay más efectos digitales pero menos creíbles, mucho más movimiento de cámara y un montaje incongruente, muy a la moda. Pero no se aporta ninguna idea original a lo que ya aportó la nada vieja película de Verhoeven.
Aún más, tras la nueva entrega del mismo episodio parece reposar la consciencia de sus propio creadores de la inanidad del filme, de su completa inutilidad, de su manifiesta inferioridad. Jamás he visto un filme tan insulso, tan tristón, tan falto de alegría en su puesta en escena, desarrollo y clímax. Es más un ejercicio depresivo de malas empresariales que un intento de renovar lo que aún no ha caducado. Eso, en el espectador, se traduce en un sopor lleno de asombro ante tal ejercicio de autoabandono.
Tan mala es “Total Recall” que sus protagonistas -Colin Farrel, Jessica Biel y Kate Beckinsale- realizan sus peores papeles. La última, tan espléndida en “Serendipity” y tan bella en “Underworld”, entre jadeos y caras de asco apenas se parece a sí misma. ¿Tampoco ellos tenían gana alguna de rodar este fiasco?
Lo que sí ha ocurrido con “Total Recall” es que han desaparecido muchas cosas. El déspota de turno no es nadie. Y de la conversión de los medios de comunicación en sistemas de manipulación no hay la más mínima sombra. Seguramente no encajaba con el presunto ideal del proyecto.
Lo curioso es que la película de Verhoeven es de completa actualidad. Cuando unos sindicatos que no representan a nadie exigen un referéndum para votar una ley aprobada por un Parlamento elegido hace menos de un año, cuando unos desalmados políticos acuciados por las deudas traicionan la Historia por mor de una pírrica independencia, cuando un iluminado egipcio tilda de “crimen contra la Humanidad” a un filme infame mas inexistente, cuando los medios sirven a los poderes fácticos sin vergüenza alguna… la ironía de los filmes del director holandés gana muchísimos enteros.
No nos preocupemos: ya hay en marcha un remake de “Robocop”.