Carta del Rey y la indecisión de Rajoy
Pablo Sebastián
Publicado el 18-09-2012
Rajoy llega tarde y el Rey se precipita. Esa es la impresión que ahora se desprende del cúmulo de problemas políticos y económicos en los que está inmerso este país, tanto por la urgente necesidad del nuevo rescate de la UE como por el desafío independentista del presidente de la Generalitat de Cataluña (la Diada en sí no tiene poder institucional), como por la crisis abierta en Madrid por Esperanza Aguirre, tres cuestiones de primer nivel ante las que ha reculado y guardado silencio el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy. Asuntos, sobre todo el catalán, que ha dado pie a la entrada en la escena política del Jefe del Estado, el Rey don Juan Carlos, con poco acierto y cierta precipitación.
Rajoy debió anunciar la petición del rescate en la última reunión del Eurogrupo en Chipre, como ahora se lo recrimina el comisario europeo Almunia desde Bruselas. Y sobre todo debió hacer una pública y oficial declaración de reafirmación constitucional y advertencia a la Generalitat en respuesta al desafío a la Constitución y a España del presidente catalán, Artur Mas, apoyando la independencia que su gobierno abanderó durante la manifestación de la Diada y anunciando una reforma para dotar a Cataluña de organismos estatales. Incluso, Rajoy debió suspender el encuentro de mañana con Artur Mas en Moncloa, porque semejante reunión no se puede celebrar bajo sus amenazas y chantajes, y menos aún para hablar del pacto fiscal.
Pero no es la audacia ni la agilidad política lo que adorna el carácter del presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy. Ni siquiera ha sabido dar respuesta a la espantada de Aguirre en la Comunidad de Madrid -en plena crisis general de España- y menos aún aclarar su sucesión al frente del gobierno autonómico. Y ese es Rajoy, experto en dejar que se pudran y crezcan los problemas, a ver si el tiempo lo soluciona todo, aunque mucho nos tememos que esta vez no hay tiempo. Y que el vacío de poder que deja Rajoy lo ocupan otros con desigual fortuna, el Rey don Juan Carlos, Artur Mas o, en Madrid, Ignacio González.
El Rey don Juan Carlos I se le ha adelantado al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en su respuesta a la Diada independentista de Cataluña y a los desafíos al Estado que posteriormente ha lanzado el presidente de la Generalitat, con una Carta -que parece haber cogido por sorpresa a la Moncloa- en la que pide la unidad de los españoles frente a los problemas del país, y que ha sido publicada en la página web de la Casa Real. Una ventana de urgencia y “modernidad” que puede ser discutible para esta clase de comunicados, abre expectativas sobre nuevas proclamas del Rey a los españoles y que llama la atención por el momento escogido por el monarca para hacer dicha declaración pudo (o debió) haberla leído durante la apertura del Año Judicial que él mismo presidió en el Tribunal Supremo, recordando allí la primacía de la Constitución, con la misma firmeza que ha recordado en su misiva la Transición Democrática.
Transición que, por cierto, ha perdido ayer a uno de sus protagonistas, Santiago Carrillo, que falleció en Madrid a los 97 años de edad, después de haber jugado un papel crucial en la Guerra Civil española, en la dirección del Partido Comunista de España (PCE) en la clandestinidad y el exilio, y en la reconciliación nacional y redacción de la Constitución en el inicio de la Transición. Un tiempo ahora exhausto y agotado, como se ve y aflora por todas las esquinas de España, pidiendo a voces una reforma democrática, el final de la locura autonómica y nuevas fórmulas de convivencia y cohesión nacional.
En su Carta a los españoles y por internet, el Rey pide unidad entre los españoles para afrontar estos tiempos difíciles que vivimos y dice, sin mencionar al nacionalismo catalán ni a su presidente Artur Mas, que: “lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas”. Y la cita de las “quimeras” en relación con la pretendida independencia de Cataluña ya ha recibido la pronta respuesta de un portavoz de CiU diciendo que el Estado catalán no es una quimera sino un objetivo realista y alcanzable, con lo que ya tenemos al Rey en el centro de la polémica.
Y ello a pesar que don Juan Carlos, de manera inoportuna, había enviado al jefe de su Casa, Rafael Spottorno, a asistir a la conferencia que Artur Mas ofreció en Madrid dos días después de la Diada, lo que ha sido considerado un grave error -aplaudido por el diario pro nacionalista La Vanguardia-, y criticado en ámbitos y medios políticos de Madrid y del resto de España. Lugares donde también se ha registrado creciente malestar entre mandos y oficiales del Ejército, algunos de ellos en activo o en la reserva que han hecho públicos duros alegatos sobre la independencia catalana y la unidad constitucional.
Así están las cosas y peor que se van a poner si Rajoy deja pasar la cita con Artur Mas en Moncloa haciendo concesiones fiscales al gobierno catalán y a CiU, para bajar los ánimos independentistas -como las que pidió el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, otro que huye de la realidad- y acaba provocando un gran incendio nacional. El que sin duda tendrá ecos y consecuencias en la Unión Europea donde deben estar asombrados por lo que está ocurriendo en España. Como asombro causan la indecisión y el bloqueo de Rajoy y la precipitación del Rey, y sobre todo la ausencia de un buen criterio coordinado y consensuado entre los palacio de la Moncloa y la Zarzuela, donde se adivina una pasmosa ausencia de “inteligencia”, de realismo y “savoir faire”, todo ello suplido por la improvisación o por la huida de los problemas y la falta de visión y conocimiento de la realidad.
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