Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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OPINIÓN

Saber irse, tiene tanto mérito cómo llegar

Fernando Glez. Urbaneja
 

Esperanza Aguirre lleva treinta años en la política activa, con cargo y tarea. Ha dicho “hasta aquí hemos llegado” como el título del libro de memorias de Enrique Meneses. Las razones que la han llevado a esta decisión solo las sabe la propia Esperanza, incluso puede que no esté segura de ellas a medida que pasen los días, y lea y escuche las interpretaciones que pueden causarla de asombro a risa.

Esperanza ha sido siempre verso libre porque ha ido a su aire en política, cada año más, a medida que ganó seguridad. Irse del sillón es lo más difícil en la vida, más que llegar. Nunca es buen momento para decir basta, unas veces por resistencia propia y otras porque los demás no dejan que se vaya el benefactor. Y Esperanza es benefactora de muchas gentes que ayer se quedaron huérfanas de madre y de jefe, preguntándose qué va a pasar con su vida.

Además de las razones expuestas por la propia Esperanza Aguirre, que son más que suficientes, lo que cuenta es que ha querido dar ese paso cuando ha estimado que era el momento apropiado, dejando las menores frustraciones posibles. Año y medio después de unas elecciones que ganó con mayoría absoluta, el PP dispone de tiempo y de márgenes para organizar la sucesión sin agobios ni urgencias.

El tono general de la despedida va a ser muy favorable, elogios por doquier, y algún cenizo; los unos porque lo sienten y los otros por aquello de que adversario que se va… puente de plata. Poca gente se ha ido bien de la política; tampoco de lo demás. Generalmente hay que echarlos, con unas elecciones o tras la habitual conspiración. Suárez pertenece al segundo caso, Felipe González al primero. A los dos hubo que echarlos porque no vieron que se les acabó el tiempo; y cuando lo intuyeron los más cercanos no les dejaban irse.

Aznar es un caso atípico, se fue porque se comprometió a irse, quizá son imprudencia. Esperanza ha optado por no avisar, ni siquiera consultar, lo cual indica que es dueña de sus actos, que no es poco. Lo más probable es que la política se ha acabado para la señora Aguirre, pero puede que no. Desde el exilio del centro de Madrid puede servir para cualquier emergencia o necesidad, e incluso puede poner condiciones.

Va a ganar libertad para decir lo que le parezca y para ser escuchada, tanto o más que hasta ahora. Antes era candidato improbable, ahora sigue siéndolo, incluso más probable, según las circunstancias. Como primera conclusión provisional, ha elegido el momento con acierto y con talento; a la vista de lo que está sobre la mesa, mejor colocarse a distancia. Irse es tan difícil o más que llegar, Esperanza supo llegar a varias metas, como pocos, y ha sabido irse como casi ninguno.

fgu@apmadrid.es

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