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Hace mucho que Madrid ansía tener un festival al aire libre que se consolide y lo cierto es que no es fácil. Primero porque hacerlo en pleno verano, cuando la mayoría de madrileños está de vacaciones, sería una locura y segundo, porque al hacerlo en junio o septiembre, cuando hace ya buen tiempo, es un riesgo si tenemos en cuenta que los jóvenes, que son los que acuden al festival, pueden estar de exámenes o han podido gastar su dinero en el periodo estival.
Con esas, los organizadores del Dcode han vuelto a asumir el mismo riesgo del año pasado y se han lanzado a celebrar la segunda edición con un cartel importante en la que es la última gran cita del verano.
Con un calor soportable pero incesante y con el sol en la cara, llegaron Niños Mutantes al escenario principal, dispuestos a demostrar que son un grupo al que le falta un pequeño empujoncito para llegar a más gente y poder demostrar que son muy buenos. No hace falta decir que son muchos los que conocen ‘Errante’ o ‘La voz’, pero tienen otras canciones que merece la pena oir, algunas de ellas recogidos en su último disco Náufragos.
El grupo andaluz dejó paso a Dorian, de los que no hace falta comentar mucho, ya que nadie duda de que se han asentado como uno de los mejores grupos del indie español. Los de Barcelona desgranaron en muy poco tiempo sus canciones más populares, desde ‘A Cualquier otra parte’, pasando por ‘La mañana herida’ o ‘Paraísos artificiales’ y terminando por ‘La tormenta de arena’, e hicieron incluso un pequeño paréntesis en su concierto para desplegar una pancarta en contra de la subida del IVA cultural y leer un manifiesto que criticaba al Gobierno por su acción. Razón no les falta teniendo en cuenta los sueldos de España y los precios que pagamos por la música si nos comparamos con otros países de nuestro alrededor y que hacen que cueste más barato comprarnos un disco en Reino Unido a través de internet que en una tienda física de aquí. Si adquirir una entrada a un concierto ya era cara, por factores que no es el momento de explicar, ahora para algunos es inasumible.
Por otra parte, los noruegos Kings of Convenience, con su tranquilo pop-folk que recuerda a grupos de antaño, congregaron a una buena parte de seguidores de su país natal, que se apresuraron a ocupar las primeras filas para oir canciones como ‘Misread’ o ‘I don’t what I can save you from’, que provocaron un sonoro aplauso gracias a un directo que merece la pena escuchar al menos una vez en la vida.
Sin salir del mismo escenario, los islandeses Sigur Rós inundaron el escenario de sonidos y melodías casi celestiales que dejaron a la mitad del público en éxtasis, como si estuviesen inmersos en pleno de una historia épica de siglos pasados y abstrayéndose de todos los pensamientos con su música, y a la otra mitad (todo hay que decirlo) más fríos que un iceberg, con cara de mustios y esperando a que de un momento a otro irrumpiese una guitarra que les hiciese despertar de su letargo. Eso no ocurrió y uno a uno fueron tocando sus temas más conocidos, como ‘Hoppípolla’ o ‘Saeglopur’, que buena parte del público cantó, o intentó cantar, porque hay que recordar que sus letras son en su idioma nativo. Fue de lo más destacado sin duda de la noche, porque guste o no, dan de que hablar y eso siempre es bueno.
Poco antes, al otro lado del recinto, y con un estilo totalmente contrario, The Shoes mostraron todo su potencial electrónico basado en la percusión y los sintetizadores, montando una auténtica fiesta en la que el público, que fue llegando poco a poco y llenando los grandes espacios que al principio había, acabó sucumbiendo a una música muy festivalera que siempre gusta tanto a sus seguidores como a los que simplemente pasaban por allí. Por supuesto no faltó el tema que les ha dado a conocer en España, ‘Time to dance’. Tampoco faltó un mensaje reivindicativo y humorístico sobre la crisis española: “Desde Francia, sabemos que estáis en la mierda y estamos con vosotros“. Fue de lo más destacado de un festival en el que quedaba lo mejor y la razón por la que muchos pagaron este viernes una entrada: Justice.
En medio de una gran expectación, y porque Madrid llevaba mucho tiempo queriéndoles ver, llegó el duo francés para acabar de quemar las zapatillas a los asistentes con temas imprescindibles como ‘Civilization’, ‘Stress’, ‘Genesis’, ‘D.A.N.C.E.’ y ‘We are your friends’ (con Simian Mobile Disco) con la referencia de la cruz, que simboliza la resurrección del house en los años 90. Fue una sesión con algún altibajo y fallo técnico, todo hay que decirlo, pero que demostró una vez más, porque no cabía un alma y porque nadie paró de bailar ni un segundo, que Madrid quiere y necesita bailar.
Y hoy llegan a la capital The Killers. Casi nada…
No estoy de acuerdo con el comentario sobre Justice. Fue absolutamente decepcionante, y no estaba para nada lleno. Es muy triste ver como un músico se va del escenario y le aplauden 5 segundos contados, y tiene que volver a entrar a hacer unos bises que nadie le ha pedido.
Mi sensación es que no disfrutan nada del directo y no saben leer al público absolutamente nada. No son músicos, pero es que después de esto no son ni DJs.