Hay una cosa que se llama el don de la oportunidad, y fue ese don el que falló -y no la cacería en sí- en el viaje del Rey a Botsuana que tanta cola de león trajo tras de sí, para luego ofrecer la penosa imagen de un Rey, herido y compungido, que pedía perdón a los españoles. Pues bien, el equipo inmediato de colaboradores del monarca no parece haber aprendido la lección visto lo ocurrido ayer mismo en la desafiante conferencia que el presidente de la Generalitat, Artur Mas (disfrazado de corderito blanco catalán), pronunció en Madrid en uno de esos insufribles foros mañaneros para insistir en la independencia de Cataluña ante las narices del Jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno quien, sentado en primera fila junto a José Montilla, adornó el evento con la presencia de la Zarzuela.
Y ya dirán ustedes -y especialmente los españoles españolistas de Cataluña, abandonados por el silencio del Gobierno de Rajoy y los errores de la Corona- que ¿qué pintaba en esa cita, y en las actuales circunstancias nacionales, el Jefe del Rey? El que acaba de estrenar una página web en la que aún figura el inefable Urdangarin. Nos dirán en la Zarzuela que era cuestión de cortesía, que su presencia estaba comprometida de antemano, que iba a título particular -lo que es imposible- u otra inaceptable excusa, porque Mas ha dejado de ser el presidente de todos los catalanes para convertirse presidente de los independentistas. Y eso ¿no lo saben en la Zarzuela?
Pero lo cierto es que, Rafael Spottorno, persona habitualmente sensata y prudente y actualmente jefe del Rey, no puede adornar la reaparición de Artur Mas en Madrid tras su desafío a España, la Constitución y la ley. Salvo que fuera en una misión especial y secreta (sic) para ir preparando, por ejemplo, a la Corona una especie de Commonwealth o Asociación Ibérica, con España, Cataluña y País Vasco, y Portugal si se dejara. O ¿acaso llevaba Spottorno en la bocamanga algún mensaje del Rey Joan Carles I -tal y como dice una placa conmemorativa de Barcelona que nunca se debió aceptar- a Artur Mas, o la propuesta de un encuentro en secreto entre los dos para sepa Dios qué? Lo único que cabía esperar ahora del palacio de la Zarzuela en esta tesitura sería el anuncio de la retirada del título de Conde a Javier Godó a la vista del vuelco de La Vanguardia, antes “Española”, y ahora independentista.
En la Moncloa no hay Estado Mayor, pero en la Zarzuela falla el sentido común y el don de la oportunidad, y ya podrían algunos empezar a redactar el mensaje de fin de año de Rey si es que no se suspende porque el monarca lo va a tener muy difícil y puede que este año, si las cosas siguen así, fuera una buena oportunidad para el estreno del Príncipe Felipe en Navidad. El que por cierto también debería empezar a reformar los Premios Príncipe de Asturias, que merecen algo de moderación y menos pomposidad, y puede que la reducción de tantos galardones, aunque fuera para evitar las repeticiones como la ocurrida con la Selección Nacional.
La posición del Rey ante la anunciada por Mas independencia de Cataluña no permite equívocos de ningún tipo, ni como Jefe del Estado que es, ni como Comandante en Jefe (buenos estarán los militares con todo esto) que sabe que la Constitución otorga a las Fuerzas Armadas la defensa de la unidad nacional. Entonces, ¿a cuento de qué viene la presencia del Jefe del Rey en la conferencia desafiante a España de Artur Mas? No se sabe, pero alguien lo debería explicar o se debería disculpar. Desde luego el jefe de gabinete de un presidente de la República nunca hubiera hecho algo semejante, en una situación similar.

Pablo Sebastián
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