Habría sido una incongruencia que el deporte no tuviera recortes. Los viene padeciendo des hace cuatro años y seguirá en la misma deriva durante algunos más. Era impensable que con menos dineros para cuestiones tan fundamentales como educación y sanidad el deporte mantuviera sus presupuestos.
El Consejo Superior de Deportes anunció lo que finalmente va a hacer. El reparto de los dineros a las federaciones tenía que sufrir cambios importantes. El deporte no puede vivir en constante crecimiento económico. Llevaba cuatro años en recesión y la norma no iba a cambiar en momentos en que la crisis económica se ha agudizado.
Las federaciones, en general, padecen, además, la pérdida de patrocinios. Muchas empresas que aportaban subvenciones importantes las han retirado o las han reducido sustancialmente. Ha habido incluso problemas para mantener el ADO al que se adscribieron con alegría muchas empresas en 1992.
Las rebajas alcanzan en algunos casos el cuarenta por ciento. Se ha dado la circunstancia de que incluso en año olímpico, el actual, hubo ya disminución en las cifras. En 2009 el presupuesto del Consejo para las federaciones fue de 193,3 millones de euros y en 2012, año olímpico, la suma llegó a las124,4.
La cifra ha vuelto a caer y ello era inevitable. Solamente hay dos federaciones con grandes ingresos. El fútbol hace caja en competiciones internacionales y bolos de la selección además de los derechos televisivos y patrocinios. El baloncesto también tiene ayudas comerciales. Los demás están al pairo. El fútbol renunció el año pasado a los 3,3 millones que el presupuesto general le otorgaba. No fue cuestión de solidaridad o generosidad sino por el simple hecho de que no precisa ayudas estatales y de este modo sus cuentas son menos vigiladas por los estamentos administrativos estatales.
El fútbol, con las quinielas, seguirá aportando fondos para beneficio de las demás federaciones. Los clubes seguirán reclamando mayor porcentaje. En el reparto de CSD se obligará a la reestructuración de las federaciones, a la reducción de gastos. Se ha acabado la alegría en el gasto.