La presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ante las cámaras de TVE, para hablar a los españoles en las muy difíciles circunstancias del país, tenía el aroma de un mensaje a la nación, de un discurso del presidente al conjunto de los españoles a los que debía animar, además de informar de la situación y de las esperadas decisiones que adoptará el Gobierno en los próximos días o semanas. Empezando por el rescate de la deuda del Estado que nos ha ofrecido el BCE, a lo que Rajoy que, por primera vez lo ha llamado “rescate”, se ha negado a responder diciendo que lo está estudiando porque todavía no sabe que hacer –lo que es de mucho preocupar- necesita más tiempo y no se puede “frivolizar” (sic). El presidente, fiel así mismo, volvió a huir de la realidad.
O sea, mensaje fallido a la nación en fondo y forma porque no hubo novedad, ni épica, ni esperanza, sino más bien una cierta soberbia y autocomplacencia, diciendo que ya verá lo que hace con el rescate, que está contento con las reformas (especialmente con la laboral), y que no presentará una moción de confianza en el Parlamento. Y mensaje fallido porque el formato de la entrevista -amañado por la Moncloa- con seis periodistas en su mayoría de la órbita del PP, resultó confuso y caótico. Lo que permitió al presidente estar cómodo y mejor que sus “invitados”, aunque perdió ante los españoles una buena oportunidad. Repitiendo lo de siempre, sin la menor novedad y justificando sus medidas y sus errores con el reiterado latiguillo, hasta la saciedad, de: “no se puede gastar más de lo que se ingresa”, sin entender Rajoy que una gran mayoría de españoles ya no tienen nada para gastar.
Sobre la inminente actualidad política, y concretamente la Diada independentista que hoy se celebra en Cataluña, Rajoy exhibió el pase del desprecio diciendo que no estamos para “algarabías, líos, disputas y polémicas”, quitándole importancia a unos hechos que sin duda la tienen, como la tendrá el ascenso de Bildu en las elecciones del País Vasco. Dos desafíos al Estado de los que huye Rajoy y de los que tienen una alta responsabilidad tanto los gobiernos PP como los del PSOE, y en Cataluña de manera muy especial el PSC-PSOE, de Maragall, Montilla, Zapatero y Rubalcaba.
Sobre caso Bolinaga, Rajoy se escudó en los jueces (sin decir la verdad) e insistió en que el preso de ETA está enfermo y pesa poco. Sobre las Comunidades Autónomas nadie preguntó por la posible reforma del modelo autonómico del Estado, ni sobre los problemas internos de los barones regionales del PP. Solo apuntó Rajoy al respecto que las CC.AA. han de gastar menos, que aprobará una ley para la unidad del mercado y no quiso responder una pregunta sobre la reducción de diputados autonómicos propuesta por Cospedal. En suma, ni una palabra del recorte del gasto de la política y de los políticos, algo que a Rajoy parece que le produce una cierta repugnancia, a igual que a Rubalcaba con quien habla -dijo Rajoy- “más de lo que muchos se imaginan”, y suponemos que a través del muro que va a construir el PSOE, para disimular. Y si no se habló de la reforma del Estado, pues menos aún de la reforma democrática ni de la “corrupción ambiental” que hoy invade altas esferas del poder con la vista gorda y la manga ancha del gobierno de la nación (casos de Urdangarín, indultos a políticos, amnistía fiscal, etc).
Casi toda la entrevista se centró en la economía, el terreno que cree dominar Rajoy, y en su obsesivo discurso de la lucha contra el déficit que el presidente considera la tabla de salvación. Sobre ello declaró que el Gobierno los cumplirá este año y el que viene con el objetivo del déficit, pero sin decir como y se negó a dar los detalles de los ajustes que vendrán. Insistiendo en que no tocará las pensiones, pero sin precisar si las congelará, y nada añadió el presidente de los funcionarios, o las prestaciones por desempleo, por lo que cabe temerse lo peor -porque Rajoy suele hacer lo contrario de lo que promete- o alguna novedad para estos capítulos del gasto social. Eso sí nos anunció otra subida de los impuestos: plusvalías y “verde”.
Como colofón una reflexión sobre el rescate al hilo de la pregunta que Ignacio Camacho -bastante callado a la vista del penoso espectáculo al que se prestó- le hizo a Rajoy sobre ¿cómo entenderá el BCE que España no pida ahora el rescate después de las presiones que España le hizo al Banco Central Europeo? Y ahí se apareció el verdadero y cínico Rajoy de la mentira rápida: “yo no he presionado al BCE”, dijo sin pestañear y sin decir verdad -¿no presumió de haber presionado a la UE para lograr el rescate bancario?- porque llenas están las hemerotecas de declaraciones de su Gobierno presionado al BCE, y en reiteradas ocasiones su ministro de Exteriores García-Margallo quien llegó a decir que Draghi era el presidente de “un banco clandestino”. Pero Rajoy miente y no se inmuta, y dice que pide mas tiempo para reflexionar qué hacer con el rescate lo que nos sumerge en una grave incertidumbre y nos conduce a la preocupante imagen de un jefe del Gobierno, de lo que va quedando de la nación, que duda y no sabe que hacer. Sin embargo, Rajoy asegura que está contento porque sabe que tiene abierta la ventanilla del del rescate del BCE. Esa ventanilla a la que tendrá que acudir a la mayor brevedad en vez de perder el tiempo y de frivolizar con la realidad del país y sin decir la verdad.

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