El pasado jueves 29 de agosto, hicimos en Republica.com la presentación del cuarto artículo sobre “El lago español: navegaciones y conquistas ibéricas en el Océano Pacífico, siglos XVI a XVIII”. Habiendo tenido ya ocasión, tras esas cuatro primeras entregas de ocuparnos de los siguientes epígrafes:
1. El Lago Español
2. Las bulas alejandrinas y el Tratado de Tordesillas
3. Vasco Núñez de Balboa: el Mar del Sur
4. Cortés: México, plataforma para la descubierta del gran Océano
5. Fernando de Magallanes y su Estrecho
6. Juan Sebastián Elcano: primera circumnavegación del globo
7. La aventura de Santiago de Guevara: navegando desde El Estrecho a México
8. Tomas de Berlanga: las islas Galápagos y el ulterior Canal de Panamá
9. Legazpi y la configuración de Filipinas
10. La Nao de la China: la más larga ruta comercial de la historia moderna
11. Álvaro de Mendaña: Islas Salomon y de Santa Cruz
12. Juan Fernández: navegante del Pacífico Sur
13. Sarmiento de Gamboa: el fortificador del Estrecho
14. Quirós en Austrialia del Espíritu Santo: la Nueva Jerusalén
15. Luis Váez de Torres, avistador de Australia
En la entrega V de hoy viernes 7 de septiembre, incorporamos dos nuevas secciones, 16 y 17.
16. Dos ingleses en el Pacífico: el malo (Drake) …
Aunque esta narración estaba inicialmente pensada sólo para los navegantes y conquistadores españoles, me pareció que era necesario introducir, como contraste dialéctico, dos personajes de lo que fue la gran confrontación hispano-inglesa cuando con Carlos I y Felipe II España se convirtió en el primer imperio mundial moderno. En ese contexto, y desde Enrique VIII, y sobre todo con Isabel I, los ingleses se propusieron crecer por cualquier medio a costa de España; en lo que fue una lucha que alcanzó su máxima intensidad entre la Reina Virgen en Londres y Felipe II en Madrid. Una pugna en la que, del lado inglés y en la navegación por el Océano Pacífico destacó Drake (el malo de esta narración), y ya en otro plano muy distinto, y en el siglo XVIII, James Cook (el bueno).
Francis Drake (1543-1596) , fue y sigue siendo una figura controvertida. En una época en la que Inglaterra y España estaban enfrentadas militarmente, se le consideró como pirata por las autoridades españolas, mientras que en Inglaterra se le valoró como corsario y se le honró como héroe, siendo nombrado caballero por la reina Isabel I en recompensa por sus servicios a la corona inglesa.
Ya consumado navegante de 34 años, y tras toda clase de hazañas previas, en 1577 la reina Isabel I de Inglaterra encargó a Drake la organización de una expedición contra los intereses españoles en la costa americana del Pacífico. Para lo cual partió a bordo del navío Pelican el 13 de diciembre, con otras 4 naves y 164 hombres, poniendo rumbo al Estrecho de Magallanes; en un viaje en el que acabó por perder todos sus barcos –excepto el Pelican—, así como muchos hombres en distintos enfrentamientos con los indios patagones.
Atravesó el Estrecho de Magallanes, y ya en el Pacífico rebautizó su barco como Golden Hind (cierva de oro), para subiendo por la costa de Chile saquear el desprevenido puerto de Valparaíso y más tarde hacer lo propio con el puerto de La Serena. Seguidamente, a su paso por las costas del Virreinato del Perú atacó numerosos navíos españoles.
Desde la costa americana, Drake encaminó su rumbo hacia el oeste, llegando así a las islas Molucas por entonces portuguesas, y tras larga travesía, rodeó el cabo de Buena Esperanza, para el 26 de septiembre de 1580 arribar a Plymouth con 59 tripulantes a bordo; junto con una preciada carga de especias y riquezas capturadas durante sus ataques e incursiones.
En Inglaterra fue recibido con honores, aclamado como el primer inglés en cruzar el Estrecho de Magallanes y en dar la vuelta al mundo, tras el español Juan Sebastián Elcano, que casi 60 años antes había logrado la hazaña iniciada junto a Magallanes. El 4 de abril de 1581, en una ceremonia celebrada a bordo de su barco, el Golden Hind, atracado en el puerto de Deptford, fue armado caballero por Isabel I de Inglaterra. Y no terminaremos aquí con la referencia a Drake, pues los siguientes episodios de su vida forman parte del contexto de este escrito, como se verá.
El caso es que en 1585 la reina Isabel I de Inglaterra puso a Drake el mando de una escuadra, con el encargo de atacar los territorios españoles en las Indias y siguiendo esas órdenes, el 14 de septiembre de 1585, Drake zarpó de Plymouth al mando de una flota de 21 naves y 2.000 hombres para atacar las costas de España y caer en definitiva sobre Lisboa (ya siendo Felipe II rey de Portugal). Luego, cruzó el Atlántico hacia el Norte, y el 1 de enero de 1586 llegó a la isla de La Española, donde mandó desembarcar 1.200 hombres que tomaron la ciudad de Santo Domingo, exigiendo un rescate a las autoridades españolas por su devolución. La misma operación fue llevada a cabo contra Cartagena de Indias, que mantuvieron en su poder durante seis semanas. Después de otros ataques a ciudades y fuertes españoles en Cuba y La Florida, retornó a Portsmouth el 28 de julio de 1586, justo a tiempo de participar en los combates con la Armada Española de Felipe II.
Al año siguiente del descalabro de la Invencible, 1588, Inglaterra intentó aprovecharse de la desgracia española, organizando la que posteriormente se ha conocido como La Invencible Inglesa o Contraarmada; que curiosamente tuvo un destino tan desastroso como el de su precursora española, y marcaría el inicio del fin de la buena estrella del marino inglés.
Los objetivos ingleses eran atacar y saquear las costas españolas y provocar y apoyar una insurrección en Portugal contra su rey, Felipe II de España. Con esos propósitos, Drake acometió contra La Coruña, consiguiendo saquear una parte de la ciudad pero finalmente resultó rechazado; destacando la figura de María Pita en la heroica defensa de la ciudad, sufriendo los ingleses unos 1.300 muertos y la pérdida de cuatro naves. Subsiguientemente, Drake fracasó en el intento de fomentar una revuelta de los portugueses contra Felipe II, en su aspiración de ocupar alguna de las Islas Azores; viéndose obligado finalmente a batirse en retirada sin haber logrado ni uno solo de sus objetivos y habiendo sufrido unas tremendas pérdidas en total de 12.000 hombres y 20 barcos.
Pero la historia de Drake no acabó con el desastre de la Invencible inglesa, sino que en 1595, ante el mal cariz que la guerra naval con España estaba tomando para los intereses de Isabel I (el fiasco de la Armada Invencible en 1588 no paralizó a España, sino que la incentivó para seguir en sus guerras con Inglaterra), Drake propuso a la reina una audaz operación contra la América Española, con el objetivo principal de establecer una base inglesa permanente en Panamá para desde allí poner en jaque todos los dominios españoles.
Así, consiguió el gran corsario salir del ostracismo en el que había caído tras el desastre de la Invencible Inglesa y se embarcó en una larga y desastrosa campaña, en la que sufriría varias derrotas consecutivas frente a fuerzas de España. Trató de capturar un galeón en San Juan de Puerto Rico, pero los artilleros del castillo de El Morro alcanzaron el puente de su barco, matando en el acto a dos oficiales ingleses, aunque Drake sobrevivió. Poco después, atacó de nuevo San Juan, volviendo a ser derrotado por cinco fragatas al mando de don Pedro Téllez de Guzmán. Y tras sufrir una nueva derrota en Panamá frente a los capitanes Enríquez y Agüero, a mediados de enero de 1596, a los 56 años, enfermó de disentería y el 28 del mismo mes murió frente a las costas de Panamá.
La flota inglesa, ya sin Drake sería de nuevo derrotada en la isla de Pinos, al noroeste de Cuba, en el Caribe, por una escuadra española enviada expresamente para expulsarlos del Caribe; comandada por don Bernardino de Avellaneda y don Juan Gutiérrez de Garibay. El saldo de la expedición que además de a Drake costó la vida a John Hawkins sería de tres buques capturados por los españoles, 17 buques hundidos o abandonados, 2.500 muertos y 500 prisioneros.
Puede decirse que esa sucesión de desastres para Inglaterra sólo cabe compararla con el gran triunfo español en Cartagena de Indias, cuando una nueva Armada inglesa, mayor que la Invencible de Felipe II, fue derrotada por las fuerzas que tan inteligentemente dirigió Blas de Lezo (1741) .
Con todo, la aventura del primer viaje de Drake, su circumnavegación, sirvió de pauta para otras incursiones de corsarios ingleses hacia el lago español. Fueron los casos de Cavendish y Hawkins, fundamentalmente. En el caso del primero, lo más señalado fue la captura del Santa Ana, galeón de Manila el 14 de octubre de 1585, aunque su segundo viaje resultó fue mucho menos venturoso. En tanto que Hawkins terminó siendo apresado, en junio de 1593, por la flota que en su captura envió por el Virrey de Perú al mando de Don Beltrán de Castro. En 1604, muerto Felipe II y la Reina Virgen se llegó la paz, no para siempre, entre España e Inglaterra .
17. Dos ingleses en el Pacífico: … Y el bueno, James Cook
La historia del otro navegante inglés que hemos seleccionado, James Cook (1728 – 1779), fue muy diferente de la de Drake. Un navegante, explorador y cartógrafo inglés de gran calidad humana , realizó tres viajes por el océano Pacífico, durante los cuales se describieron con precisión grandes áreas, y muchas islas y costas fueron documentadas por primera vez en mapas europeos. Sus mayores logros fueron el reclamo para Gran Bretaña de la costa este de Australia, avistada por los españoles en el siglo XVI; las islas Hawái, descubiertas por el español Álvaro de Saavedra en 1527 y la cartografía de Nueva Zelanda.
En 1766, la Royal Society lo contrató para viajar al Pacífico, con el objetivo de observar y documentar el tránsito de Venus sobre el Sol. Para lo cual, en 1768 Cook zarpó al mando del buque Endeavour y desde Inglaterra navegó alrededor de África para rodear el Cabo de Hornos y continuar hacia el oeste hasta el Pacífico, y llegar a Tahití el 13 de abril de 1769, en donde hizo las observaciones. Y terminadas éstas, Cook partió para buscar en el Pacífico Sur señales de la Terra Australis soñada por los navegantes españoles. Y fue con la ayuda de Tupaia, un tahitiano que tenía gran conocimiento de la geografía del Pacífico, como Cook se las arregló para llegar hasta Nueva Zelanda –siendo el segundo europeo en recalar allí, después del holandés Abel Tasman, en 1642—, realizando el mapeo de toda su costa, para descubrir luego el llamado estrecho de Cook, que separa la isla Norte de la isla Sur. Posteriormente, desembarcó en lo que hoy es Sidney y bordeó toda la costa Este de Australia.
Continuó Cook su viaje —tras reparar daños en su barco a causa de los problemas del cruce de la Gran Barrera de Coral— para luego pasar por el punto más nórdico de el nuevo continente, el Cabo York, y así navegar por el estrecho de Torres, entre Australia y Nueva Guinea, por el que había transitado Luis Váez de Torres en 1604 según vimos anteriormente. El viaje terminó en Inglaterra meses después, con grandes aportes a la navegación. El principal de ellos derivó de la idea de Cook de obligar a su tripulación a comer cítricos y chucrut, aunque todavía nadie entendía las razones por las que ingerir estos alimentos prevenía el escorbuto. Otro logro, ya del segundo viaje fue el empleo del cronómetro K1, que facilitó medir la longitud de forma mucho más precisa que hasta entonces.
En su segundo viaje (1772-75), Cook comandó la nave Resolution y la expedición circumnavegó la Antártida sin llegar a recalar en ella, convirtiéndose en uno de los primeros en cruzar el círculo polar antártico, el 17 de enero de 1773; alcanzando 71º 10′ sur. Descubrió Georgia del Sur y las islas Sandwich del Sur.
En su tercero y último viaje (1776-79), Cook comandó una vez más el Resolution para regresar a Tahití, y luego seguir hacia el norte, siendo en 1778 el segundo europeo en visitar las islas Hawái, a las que llamó Sandwich; por el cuarto Conde de Sandwich, entonces comandante de la Royal Navy, inventor de los célebres sándwiches que en su residencia hacía servir a sus huéspedes .
Viajó luego Cook hacia el este, para explorar la costa oeste de América del Norte, desde California hasta las Aleutianas y el estrecho de Bering –por allí navegaban por entonces también los españoles, como luego veremos—, que no pudo atravesar a pesar de haber hecho varios intentos. Entre otras cosas, porque Cook, por sus crecientes trastornos intestinales, empezó a tener un comportamiento en ocasiones irracional. En ese sentido, cuando Cook volvió a Hawái, donde el 14 de febrero de 1779, en la bahía de Kealakekua, algunos nativos hawaianos le robaron un pequeño bote, para recuperar el cual se propuso tomar como rehén al propio rey de Hawái. Decisión de lo más inconsciente, provocó un gran altercado, con multitud de aborígenes, en el que terminaron matando a Cook… para devorarlo después. El Resolution estuvo de regreso en Londres al año siguiente 1780.
Y como siempre, quedamos a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net. Anunciando que en la próxima y última entrega, el jueves 13 de octubre, habrá una amplia referencia sobre la expedición científica de Malaspina; que irá seguida de una conclusión final sobre el alto valor estratégico del Océano Pacífico actualmente.
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Drake; Christian Isobel Johnstone: Lives and Voyages of Drake; Hans P. Kraus: Sir Francis Drake: A Pictorial Biography; John Barrow: The Life, Voyages, and Exploits of Admiral Sir Francis Drake.
[2] Ramón Tamames, Cuaderno de Bitácora. Diario de navegación del viernes 17 al martes 21 de julio de 2009 a bordo del Buque/escuela Juan Sebastián Elcano, Edimadoz, 12.X.2009.
[3] O.H.K. Spate, El lago español, ob. cit, pág. 364 y sigs. Sobre el mismo tiempo y escenario, Richard Holmes, La edad de los prodigios. Terror y belleza en la ciencia del Romanticismo, versión española, Turner, Madrid, 2012; el referido libro, el comentario de Antonio Muñoz Molina, “Romanticismo del conocimiento”, en Babelis (El País), 30.VI.12.
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/James_Cook; Aughton, Peter. 2002. Endeavour: The Story of Captain Cook’s First Great Epic Voyage. Cassell & Co., Londres; Edwards, Philip, ed. 2003. James Cook: The Journals. Preparado a partir de los manuscritos originales de J. C. Beaglehole 1955-67. Penguin Books, Londres.
[5] Sobre el posible previo descubrimiento de las Hawai por españoles, OHK Spate nos dice: “En los mapas actuales las islas de Hawai están situadas de forma tan evidente entre la ruta del Este y la del Oeste de los Galeones, que parece casi obligado que algún marino extraviado se hubiera topado con ellas. La inferencia fue hecha en primer lugar por La Pérouse, quien dedujo de los mapas españoles que las islas llamadas La Mesa, los Majos y la Disgraciada, situadas en la latitud correcta pero demasiado lejos al este, eran en verdad las islas de Hawai, siendo La Mesa la isla principal con el gran macizo en forma de mesa de Mauna Loa; el error en la longitud fue atribuido a que los españoles no tuvieron en cuenta las corrientes en sus cálculos. En uno de esos mapas figura una nota en la que se dice que Juan Gaetán, que acompañó a Villalobos en 1542, descubrió ese grupo de islas en 1555 y las llamó islas de Mesa. En ese mapa también aparece el nombre que les dio Cook, las islas Sandwich. “Hay que admitir que si se les ha de dar un nombre no polinesio, la Mesa es muy preferible a Sandwich”, sentencia OHK Spate. (El Lago Español, ob.cit., pág. 163.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
| Lun | Mar | Mie | Jue | Vie | Sab | Dom |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |