Lo dijo hace poco el ministro Luis De Guindos en el Parlamento: España no tiene tiempo ni financiación. Y Rajoy ha declarado en numerosas ocasiones que el problema financiero España venía de la intransigencia del BCE y de las grandes diferencias de los tipos de interés de la zona euro, como si el problema fuera mas de la UE que de España. Pues ahora, gracias al liderazgo y el esfuerzo del presidente del BCE, Mario Draghi, tan denostado en España, nuestro país tiene la solución al alcance de la mano y debe actuar con la mayor celeridad y eficacia, anteponiendo el interés de los españoles al coste político que el rescate incluirá para Rajoy, su gobierno y el PP.
Con el agravante de que, después de la oferta del BCE, si España no pide pronto el rescate los mercados volverán al ataque, y no serán la UE y el Banco Central Europeo los que pongan en peligro el euro, sino España. Y si continúan las dilaciones del Gobierno, los españoles correremos el riesgo de ser abandonados por la UE en pos del regreso de la peseta, una posibilidad que no se debe descartar (que le pregunten a los griegos).
Este Gobierno ya perdió un tiempo precioso cuando llegó al poder el pasado mes de diciembre diciendo, sin decir verdad, que ellos no conocían el déficit oculto de las Comunidades Autónomas –que el PP gobernaba, en gran parte, desde mayo de 2011-, ni los problemas de la banca española, cuyas grandes cajas ruinosas eran gobernadas por el PP desde hace muchos años (Bancaja, CAM, Caja Madrid, Caixa Galicia). Pero Rajoy se relajó hasta después de las elecciones andaluzas de marzo y le estalló en las manos el rescate del sistema financiero. El que se resistió a pedir a la UE con urgencia, y que le fue impuesto “manu militari” por el Eurogrupo, sin reconocer Rajoy la palabra “rescate” y tras decir que él había sido quien “había presionado” a la UE, para concluir diciendo con gran desfachatez que los problemas de la banca ya se habían arreglado, y que por eso se iba al partido inaugural de la Eurocopa 2012 a Polonia, entre España e Italia.
Pues bien, el rescate bancario está en marcha pero España aún no ha recibido un euro de los 100.000 millones ofrecidos por la UE para nuestro sistema financiero, porque los inspectores europeos están descubriendo nuevos problemas y agujeros en los bancos de España: se dice que los auditores externos aseguran que Bankia necesita mas de los 19.000 millones que solicitó Goirigolzarri al Gobierno para sacar a flote la entidad. Lo que aconsejaría, como dijo Almunia y lo reiteró The Wall Street Journal hace poco, el cierre, troceo y liquidación de este banco que regentaba Rodrigo Rato, en compañía de sus amigos y dirigentes del PP.
Y en estas estamos cuando ni Rajoy –en su rueda de prensa con Merkel-, ni la vicepresidenta, tras el Consejo de Ministros, se han dignado a explicar a los españoles la situación, ni hacia donde va el Gobierno, ni que va a pasar con el rescate, a pesar de que en contra de lo que dicen conocían todos los detalles del plan del BCE desde hace varias semanas. Y todavía se permiten, el uno y la otra, pedir a los españoles y a los medios “prudencia y rigor”. Algo de lo que carece este Gobierno. Al que, por lo que se ve, sólo le preocupa evitar el coste político del rescate que, lo llamen como lo llamen, será un segundo y sonoro fracaso de Rajoy, por la intervención de la política económica de España -que ya está en marcha y aumentará- y por la pérdida flagrante de soberanía nacional.
Pero la situación puede ser peor si el Gobierno, confundido por el espejismo de los mercados, que ahora bailan al ritmo del plan disuasorio de Draghi, se confía. O se conforma con una mediana bajada de tipos de interés y de prima de riesgo, España pierde el tren del rescate, y un tiempo precioso que no se ha de despreciar porque lo que urge en este país es la plena estabilidad financiera y muy bajos tipos de interés, y no medias tintas y las idas y venidas de los mercados que volverán a atacar a España si el Gobierno de Rajoy aplaza el rescate. No en vano las ayudas que ofrecen la UE y el BCE solo serán realizables si se pide la ayuda y se acatan las “estrictas condiciones” del rescate que impondrá la UE.
O sea, la única impudencia posible es que el Gobierno de Rajoy no actúe con la diligencia, celeridad y eficacia que merece esta ocasión, y vuelva a jugar con el manejo de los tiempos que tan caro nos ha costado ya en el ámbito bancario y autonómico pero que esta ve podría ser letal.

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