Nº 1163 -  19 / VI / 2013 
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Retablos financieros

Objetivo, bajar del 1,5%

Primo González
 

El jueves de esta semana saldremos de dudas sobre lo que va a hacer el Banco Central Europeo para tratar de normalizar la alterada situación de los mercados financieros europeos. Se dice que la compra de deuda de los países periféricos, sobre todo de España y de Italia, debería devolver los tipos de interés a niveles más acordes con la moderación, lo que en el caso español significaría que los tipos a largo plazo deberían corregir a la baja para situarse en torno al 4%, en contraste con el 6,6% que presentaban al cierre de este martes o cerca del 7%, nivel que han frecuentado en algunas ocasiones esporádicas durante las últimas semanas.

Si la acción del BCE no es capaz de devolver los tipos a largo hasta la zona del 4% como mucho, habrá que suponer que Mario Draghi no ha culminado con éxito sus propósitos. La última vez que el Tesoro español ha logrado emitir títulos de deuda por debajo del 4% fue en mayo del año 2010. Antes de esa fecha eran habituales las rentabilidades a 10 años oscilando entre el 3% y el 4%. Desde mayo del año 2010 hasta la fecha hemos visto de todo, aunque casi siempre por encima del 5% y hasta del 6%. Incluso por encima del 7% en las últimas subastas de deuda a 10 años del año 2011, es decir, hace un año.

Este jueves, el Tesoro va a emitir deuda a plazos por debajo de los 3 años, un tipo de deuda que al parecer va a centrar la intervención del BCE en el mercado secundario. Los tipos de emisión del Tesoro español han estado en las últimas ocasiones entre el 4% y el 5% en estos títulos. Lo normal es que el Estado español logre financiarse en estos plazos al 1,5% o ligeramente por debajo, de modo que esa sería también la medida del éxito de las intervenciones del banco de la Eurozona.

Si no logra devolver el coste de la financiación española a esos parámetros, habrá que empezar a pensar en otro tipo de planteamientos porque España no es viable como país con costes de financiación tan desproporcionados, sobre todo cuando en la UE hay algunas economías (Alemania, Austria, Francia) que están emitiendo con tipos de interés negativos. La existencia de intereses negativos es un hecho insólito y visto desde cierta óptica no se comprende bien, dado que todos los países que forman parte de la disciplina del BCE y que han renunciado a su soberanía monetaria lo hemos hecho en el bien entendido de que la moneda única y la política monetaria única se convertían de hecho en una caso común que cuente con mecanismos internos de solidaridad y compensación, ya que en caso contrario no tiene sentido haber renunciado al papel regulador de los tipos de cambio, renuncia que tanto le está costando a España.

Es indudablemente un agravio, además de un sinsentido, las enormes disparidades de rentabilidades entre países de una misma zona económica y monetaria, habida cuenta además de que la calificación de las agencias no justifica estas diferencias y tampoco el volumen de deuda acumulada, al menos en el caso de España (Italia está en este parámetro bastante peor, lo mismo que Bélgica, dos países por encima del 100% de deuda sobre PIB, nivel que posiblemente alcanzará España pero del que está aún bastante lejos).

No hay que olvidar que la base de las enormes diferencias entre tipos de interés entre países tiene mucho que ver con la diáspora financiera que se ha desarrollado en la Eurozona en los últimos meses, cuando las entidades bancarias de varios países (Alemania y Francia principalmente) han adoptado la decisión de reducir posiciones en deuda española y poner a la venta miles de millones de euros, que han tenido que ser soportados por los balances de los bancos españoles y que han acabado por poner mucha tierra de por medio entre las rentabilidades de las deudas soberanas de todos los países de la Eurozona. Los bancos alemanes, por ejemplo, han reducido en un 49% su exposición a la deuda de los países periféricos (España sobre todo) en los últimos dos o tres años. Francia ha vendido más del 30% de su deuda soberana de países periféricos. Esta desbandada financiera está en el orígen de nuestras actuales dificultades.

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