Quizás parezca una frivolidad dedicar una columna a una película infantil de animación en una época en la que se asaltan supermercados, se interrumpen impunemente actos universitarios, se incumple sistemáticamente la ley… cuando el Estado parece haber colapsado por su incapacidad para hacer frente a la anarquía. Pero “Las aventuras de Tadeo Jones” puede servir de cataplasma paliativa en más de un sentido.
En primer lugar, el séptimo arte posee el balsámico efecto de distraernos de la realidad cotidiana. Siempre me asombra cómo algunas personas pretenden negar la cualidad de cine a películas insustanciales cuya principal virtud -quizás única- es la de entretener. El cine, antes que nada, debe ser un pasatiempo. En ese sentido, el largometraje dirigido por Enrique Gato, aunque infantil -sobre todo comparado con las obras maestras de Pixar-, sirve para mantener durante hora y media la atención en asuntos bien diferentes a los de la realidad que nos abruma.
En segundo lugar, “Las aventuras de Tadeo Jones” plasma una ambientación de dibujos informáticos absolutamente soberbia. En algunos aspectos, podría pasar por un filme de producción estadounidense. Sin embargo, los personajes, cuando se mueven, parecen aquejados de artritis, y su diseño es poco estético. Que el héroe sea un torpón con mofletes de flemón salvaje y su amada toda una mujerona de pronunciadas curvas huele a viejo. Y el guión, simplísimo en la trama y torpe en los diálogos, es lo más flojo de una producción que parece haberse contentado con su aparente continente. Es decir, “Tadeo Jones” nos enseña, desde el buen camino, que en España aún tenemos mucho que aprender y mejorar.
En tercer lugar, esta película, más allá de las innumerables subvenciones y de un sinfín de medios audiovisuales metidos, por ley, a financiarla -¿alguien podía imaginar a Mediaset e Intereconomía juntitos en los mismos títulos de crédito?- va a tener buenos resultados económicos tanto en el mercado español como en el extranjero. Con un mínimo de talento, algo de esfuerzo y muchas ganas se puede luchar contra la crisis.
Por último, con su concepción simplista del cine “Las aventuras de Tadeo Jones” nos regala momentos de humor reconfortante que consiguen que el espectador salga de la sala con un buen rollo más que necesario para enfrentarse a lo que hay, o no, ahí fuera, esperándole.
Por si fuera poco, Tadeo Jones rima magníficamente con la más gratificante de las expresiones malsonantes con las que quejarse de los malos tiempos que vivimos. Seguramente hablar de una película balsámica en muchos sentidos sea bastante frívolo, pero en ocasiones el cine es uno de los pocos remedios realmente eficientes contra la depresión económica, política, social y, sobre todo, moral.