El cuarto y, por ahora, definitivo informe sobre los restos calcinados encontrados en la finca de las “Quemadillas”, donde desaparecieron los niños de Córdoba, Ruth y José, confirman que, efectivamente, son restos humanos y no restos de roedores y pequeños animales, como certificó la perito de la Policía Científica, Josefina Lamas que se encargó de hacer el primer informe sobre el que ha venido trabajando durante estos meses la policía judicial.
Ese cuarto informe, firmado por expertos del Instituto Nacional de Toxicología, y por el director de la Escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense, crea un verdadero conflicto dentro del departamento de la Policía Científica, donde, hasta ahora, el Ministro del Interior se ha negado a abrir ningún tipo de investigación, a pesar de la petición del Sindicato Unificado (/SUP) de la Policía Nacional, y pone en duda la actitud adoptada por el titular del Ministerio, el señor Fernández Díaz, que ha venido manteniendo que no es hora de pedir responsabilidades ya que simplemente estamos ante “!un borrón ¡que lo comete el mejor escribano”.
El lamentable error cometido por la perito forense Josefina Lamas, licenciada en Medicina y Cirugía, treinta y dos años en el Cuerpo Nacional de Policía, y adscrita a la sección de Antropología Forense de la Policía Científica, ha prolongado inutilmente la investigación a la búsqueda de los cadáveres de Ruth y José, en cuya búsqueda se han empleado, a lo largo de los últimos diez meses, todo tipo de recursos, han prolongado el sufrimiento de la madre de los niños, que fue la que encargó el segundo informe en el que ya se revelaron los primeros datos de que los restos encontrados en la hoguera que hizo el padre de los niños, José Bretón, el mismo día de su desaparición, eran de ellos, y ha creado un enfrentamiento entre los sindicatos policiales sobre la cadena de las responsabilidades, hasta el punto que se ha pedido, oficialmente, que se abran todos los casos en los que haya sido necesario analizar huesos y se determinase que no eran de seres humanos. Entre ellos, los casos de dos niños desaparecidos en Canarias hace cinco años.
El intento del señor Ministro del Interior de ocultar todo desde el principio, en un gesto de falsa solidaridad que perjudica al propio Cuerpo y a un Departamento como el de la Policía Científica, que tan importantes servicios ha prestado en casos que parecían imposibles de resolver, el hecho mismo de que, todavía, no se haya hecho público el informe que, al parecer, ha elaborado la Policía Judicial sobre el grave incidente, y por último, el que se hayan revelado datos secretos del sumario por parte de responsables policiales enviados por el Ministro a los platós de Televisión, para justificar un trabajo que nadie ha puesto en duda, dan al caso una especial gravedad.
Como grave es la forma en que se hizo el primer informe que debió ir firmado por dos o tres expertos y no solo por la perito Lamas que, dada la importancia del caso y a la vista de las pruebas circunstanciales, debió solicitar un segundo informe, algo que solo se hizo cuando se conoció el informe que la madre de los niños pidió al forense Francisco Etxeberria y se filtró que los restos no eran de animales, sino de humanos y con toda seguridad de niños…
Todo reviste tal gravedad que en cuestión de horas, la alarmada opinión pública necesita conocer hasta donde llegan las responsabilidades.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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