Mariano Rajoy, artista del silencio, después de más de ocho meses al frente del Gobierno de España, se decidió a conceder una entrevista. Una entrevista en serio, no unas declaraciones al paso de un acontecimiento cualesquiera. Juntó para ello a cuatro periódicos bien diferentes: ABC, el más coherente y decano de la prensa conservadora en España; Corriere de la Sera, el de más circulación en Italia; Le Journal de Dimanche, un dominical para clases medias fundado por el maestro de la información televisual, Pierre Lazareff, y Bild am Sontag, la edición dominical del diario más sensacionalista de Alemania. Las largas declaraciones del presidente del Gobierno de España no son pródigas en contenido y tienen mucho de autojustificación; pero, personalmente, llama mi atención el titular que el periódico que dirige Bieto Rubido utilizó como reclamo en primera página. “Estoy convencido que cumplir con mi deber me llevará a volver a ganar las elecciones”.
Es, antes de nada, un alarde de sinceridad. Pocos políticos continentales, a la vista de la perturbadora crisis que padecen los socios de la Unión Europea, se atreverían a una declaración de ese tipo. A más de tres años – teóricos – de las próximas elecciones legislativas hay mucho egocentrismo en esa frase. Dando por supuesto, que yo lo doy por cierto, que Rajoy actúa según su conciencia parecería más ajustado a los usos y costumbres que su pretensión fuese la de devolverle al Estado su grandeza y a la Nación su bienestar; pero eso de “volver a ganar las elecciones”, que se da por supuesto si consigue sacarnos del hoyo en el que nos enterraron sus predecesores monclovitas, parece poco como ideal programático.
Por lo demás, lo importante es que esa entrevista se produjera. La opacidad, con lejanía parlamentaria, con que se comporta el Gobierno que preside Rajoy no concuerda con el derecho que los ciudadanos tenemos a recibir información veraz de cuanto nos afecta. Este es el país de los secretos, de los pactos discretos y de las componendas de salón; pero estamos muy lejos de la transparencia con que deben comportarse los poderes – todos ellos – y del protagonismo que le corresponde a un Congreso de los Diputados que, quizás por no ser verdaderamente representativo, en función del sistema electoral, y escasamente parlamentario, en aras del bipartidismo fáctico, solo sirve para escenificar debates y “pasar a limpio” los decretos-leyes que la mayoría absoluta le permite al Gabinete.
En la entrevista, en la que abunda el “yo” y escasea el “nosotros”, una sintomática manera de hablar, dice Rajoy algo reconfortante para quienes pensamos que, aunque pinten bastos, no hay solución para España fuera de Europa: “Tengo la total convicción de que el euro es irreversible”. Por ahí circula lo más sólido y concreto de la política rajoyana, por el europeísmo. Sin embargo, y se entiende la cautela, no aborda con idéntica claridad su programa de restauración nacional, algo imprescindible cuando el Estado demuestra la inviabilidad del Titulo VIII de la Constitución a partir del punto degenerativo al que ha llegado su aplicación desde que José María Aznar signó con Jordi Pujol el “Pacto del Mayestic” que le convirtió en presidente a cambio de excesivas concesiones a las regiones en perjuicio de la unidad nacional.
Es de celebrar, y lo celebro, que Mariano Rajoy haya dado el paso de dirigirse a los ciudadanos, aunque para justificarse haya prolongado su mensaje a los alemanes, italianos y franceses. Una de las claves de la democracia, la que mejor marca la calidad de una democracia en concreto, es la comunicación fluida y sincera entre los poderes del Estado, especialmente el Ejecutivo, y los ciudadanos que los sostienen. Más todavía en tiempos de aflicción. Entre las obligaciones del Gobierno está la de alimentar la esperanza que puede contribuir al consuelo de los ciudadanos peor tratados por las crisis. En otras circunstancias, como cuando Aznar le declaró al Wall Street Journal “yo soy el milagro”, caben el desplante y el disimulo; pero en tiempos como los que nos toca vivir se impone una constante información a la ciudadanía de los planes gubernamentales, de sus avances y, también, de las dificultades que parecen insalvables. La entrevista de Rajoy marca todo un cambio de estilo. Falta nos hace.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Ignacio del Río
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Mónica Fernández-Aceytuno
Jaime Peñafiel
Javier Pérez Pellón
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
| Lun | Mar | Mie | Jue | Vie | Sab | Dom |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |