El Athletic de Bilbao ha hecho el mejor negocio de su historia: ha cobrado cuarenta millones de euros por la cláusula de rescisión de Javi Martínez. El Bayern de Munich ha pagado, en este caso, la compra más cara de la Bundesliga. Por Javi Martínez se ha invertido una cantidad que solamente se justifica si tenemos en cuenta que es jugador sobrevalorado.
Los dineros que corren en el fútbol hace años que son auténtica desmesura. El Athletic ha sido club que ha tenido la fortuna de percibir grandes cantidades en la venta de jugadores. Cuando Garay fue al Barcelona el club recibió tal compensación que le permitió hacer obras en San Mamés y la tribuna levantada siempre se llamó de Garay. Por Alesanco creo recordar que el Barça pagó cien millones de pesetas, record de la época y también fue productivo, siempre al club barcelonés, el traspaso de Zubizarreta. A la generosidad de la entidad barcelonesa habría que añadir la listeza bilbaína para vender.
Javi Martínez ha reportado cuarenta millones de euros porque el club se negó a entrar en negociaciones para el traspaso. Se enrocó en la cláusula de rescisión y el club bávaro ha tenido que pagar sin descuento alguno.
La baja del navarro, con ser importante desde el punto de vista deportivo, tengo la impresión, por las reacciones que he recogido, de que ha sido bienvenida. Se aplaude la actitud de la directiva por su firmeza. Tal actitud debería ser mayoritaria en los casos en que el poseedor de los derechos federativos aguanta el tirón. Hay ocasiones en que merece la pena perder dinero con tal de defender la dignidad de la entidad.
A veces hay que decidir entre la dignidad y el dinero y el Athletic, defendiendo lo primero, se ha ganado también lo segundo. Ahora, queda el problema Fernando Llorente. Los socios bilbaínos no estarían en contra de que permaneciera en San Mamés sin jugar ningún partido. Es uno modo del ojo por ojo. Es una pena que todos los dirigentes no se mantengan en sus trece, que sería el modo de enfrentarse al tiburoneo de clubes ricos y representantes avispados. Ello y aún sabiendo que en Televisión Española se acabaría diciendo la consigna de siempre: “la intransigencia de tal club impide que fulanito fiche por….” Los de siempre, claro, porque quienes defienden sus derechos ante los poderosos acaban por ser calificados de intransigentes.