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La Tomatina, que nace de una gamberrada ocurrida hace 67 años y que ha terminado por ser declarada festejo de Interés Turístico Internacional, espera reunir a cerca de 40.000 jóvenes ataviados con el “uniforme oficial”: camiseta blanca y pantalón corto o bañador. Los más experimentados usarán gafas de natación para evitar que el ácido del tomate dañe sus ojos.
Buñol se convertirá entonces en un centro de atención de la prensa internacional, con televisiones y medios escritos procedentes de países como Australia, Japón, Corea, Brasil, Argentina, Francia o Alemania.
Según fuentes municipales, este año participarán en el festejo 4.000 japoneses y 1.000 australianos.
Sesenta minutos después del primer disparo, habrá un segundo cohete para advertir el final de la batalla, y los lanzadores de tomate marcharán entonces hacia las duchas instaladas por el pueblo para tratar de recuperar su color habitual.
El estanque de tomate triturado en el que queda convertido el recorrido desaparecerá en apenas una hora, cuando los servicios de limpieza devuelvan su aspecto habitual a las calles, que además, según cuentan, quedan desinfectadas por las propiedades del ácido del tomate.
La fiesta de la Tomatina, que apenas en un día genera un beneficio aproximado de 300.000 euros en los comercios de Buñol, estará controlada por un dispositivo especial de seguridad para evitar que esta lucha de hortalizas no deje de ser un divertido y multitudinario encuentro de carácter pacífico.