En una entrevista publicada, ni que decir tiene, en El País, el exjuez Garzón se autoproclama el último exiliado del franquismo, lo cual significa que sigue la lista de Grimau, Sabater y los últimos anarquistas fusilados por volver del exilio en los años cuarenta y atacar al régimen. Me parece una frivolidad propia de su egolatría equipararse con los exiliados del franquismo. Medio millón de personas salieron por La Junquera o por donde pudieron al acabar la Guerra Civil y su meta fue muy dura, rehaciendo sus vidas en Francia, Méjico o Venezuela, nada comparable a los exilios subvencionados por el Banco de Santander de Garzón en Nueva York.
Su fascinación por la Guerra Civil es tal, que pidió el certificado de defunción de Franco y pretendió abrir tumbas, esa afición tan española, como se comprobó en la Semana Trágica de Barcelona, cuando entraron en los conventos y expusieron las momias de las monjas, o en todas partes a finales de julio del 36. Ahora sigue mentalmente en su Guerra Civil como exiliado, de oro, claro está.
Su próxima misión imposible –y ésta ya me gusta más- es defender a Julian Assange de los sospechosos cargos que se le imputan con dos señoras suecas cuyas acusaciones parecen demasiado oportunas y rocambolescas para merecer crédito. Ahí le doy la razón, parecen hechos para extraditarlo a USA y que pague allí sus indiscreciones. Le deseo suerte en esta defensa, por el lado quijotesco de la peripecia de Assange.
Yo también me voy a exiliar cualquier día pero no seré el “último exiliado del franquismo“, sino el último exiliado de las dos Españas, harto del cinismo, del fanatismo del PSOE, de sus trampas y abusos, del modo en que su prensa adicta encona a España en una guerra civil permanente. Me gustaría vivir en un país donde los socialistas o comunistas no se creyeran en posesión de la verdad y con la razón siempre de su lado por el mero hecho de ser socialistas y comunistas, que, a la postre, la mayoría sólo lo son de boquilla y por conveniencia.
Ahora el exiliado Garzón -¿quién le obliga a marcharse?- se las verá con una “misión imposible”: proteger a Assange de las iras de la CIA. Es para desearle toda la suerte del mundo y pensar que por qué se mete en esos berenjenales: porque no puede estar a la sombra, necesita permanecer en el “candelabro”.