A la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, le han crecido dos enanos, como son los ministros de Hacienda e Industria, Montoro y Soria. Dos que deberán salir del Gobierno a nada que Rajoy remodele su Gabinete, nada mas pedir el segundo rescate a la UE. Ahora los ministros se pelean sobre la tarifas de la electricidad y la vicepresidenta Soraya dice que el espectáculo de ver a dos miembros del Gobierno discrepando en público es un debate constructivo y enriquecedor.
Lo malo del asunto es que son Rajoy y a Soraya a quienes les compete poner orden en su casa gubernamental y evitar que los trapos sucios del Gobierno salgan a la luz pública, pero Rajoy está cansado y Soraya no tiene autoridad, porque no es la primera vez que Montoro arma un lío porque ya tuvo otros con De Guindos.
La verdad es que a este Gobierno le hace falta una remodelación, o una crisis profunda incluso antes de que Rajoy pida el rescate a la UE, porque hay ministros que no dan la talla y que en muy pocos meses han demostrado su escasa capacidad para el cargo. A Gallardón, por ejemplo y vista su renovada fe confesional, habría que nombrarlo embajador en el Vaticano para que estudie a fondo el vuelo de los cuervos sobre la plaza de San Pedro. Y a Mato hay que enviarla a las misiones en compañía de Médicos del Mundo, para que aprenda lo que es un aspirina y a poner una inyección. A Montoro mejor pagarle unas vacaciones en un manicomio etc, etc.
Además en las puertas de la Moncloa lleva meses Josep Piqué disfrazado de maletilla, con el hatillo, el estoque de madera y un cartel diciendo que pide una oportunidad para ser vicepresidente del Gobierno, de Economía o en general. Mientras que Arenas se ha pasado todo el verano en Marbella jugando al pádel y harto de tomar el sol, porque ya está cansado de la política andaluza donde el hombre no ha conseguido triunfar, y también quiere ir a Madrid al Gobierno de Rajoy –donde ya fue ministro y vicepresidente con Aznar-, y además Mariano le debe mucho, por su ayuda en contra de las conspiraciones de Aguirre tras la derrota electoral de 2008.
A Soraya la hacíamos en la playa, jugando con un cubo lleno de arena y con el pequeño Iván, descansando y reflexionando sobre lo duro de la política, esa nueva derivada de los abogados del Estado –a los que se les debería prohibir regresar a su función si han entrado en política, salvo que cumplan cuarentena de cinco años-, que de pronto se convierten en abogados de intereses muy particulares y partidarios, y que de un tiempo a esta parte perecen haber inundado altos cargos ejecutivos de la Administración. A Soraya la hacíamos en la playa jugando con “su ratón” –“Sorayita tiene un ratón, un ratón chiquitín”-, pero de pronto le han salido de la madriguera del Gobierno otros dos ratones coloraos, Pixi y Dixi –que diría Carmen Calvo-, como son Montoro y Soria, los dos a palos en el teatrillo de las marionetas nacionales, que es lo que le faltaba a este país.
Naturalmente, Mariano ni se inmuta. Dirá lo de “joder que tropa”, y a otra cosa mariposa porque se acerca el Consejo de Ministros del regreso al trabajo, después de unas largas vacaciones y todos morenos y relajados como si nada pasara en este país. Lo malo es que también regresan de vacaciones los malvados operadores de los mercados y nuestra particular prima de riesgo y ya veremos lo que el otoño da de sí. De momento Montoro y Soria a palos y con mutuos reproches. Algo muy bonito y enternecedor que a Soraya le parece enriquecedor.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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