La “rentrée”, como se la llamaba antes, el retorno a la actividad política y colegial después de unas vacaciones de medio pelo como las que estamos teniendo este año, se presenta cargada de nubes. Posiblemente la mayor sea la que tiene que afrontar el Gobierno de Rajoy rindiéndose a la evidencia de la petición de un rescate en toda regla. Los más enterados dicen que sólo falta determinar la fecha, pero posiblemente no se alejará mucho de mediados de septiembre. Es la que acaba de avanzar el banco de inversión Goldman Sachs, que lo ve con bastante claridad y que incluso lo considera un buen paso porque ayudaría al Gobierno de Rajoy a llevar a cabo las reformas anunciadas y completar lo que falta por arreglar en el plazo institucional, ya que se sospecha, con bastante fundamento, que Rajoy no es persona resolutiva que vaya a tomar decisiones firmes, por lo que precisa de ayuda.
El pulso del otoño, con los sindicatos movilizados y un redoble del pulso soberanista (pinza del País Vasco y de Cataluña) es un elemento a tener en cuenta. La economía española tiene dificultades para seguir adelante en solitario ya que las cuentas no cuadran y a medida que llegan nuevos datos existe la sensación de que la intendencia está fatal. Y más que puede estarlo porque hay mucha gente que no ha hecho los deberes.
Ha vuelto de vacaciones el titular de Hacienda y todavía no ha hecho públicos los últimos datos de ejecución presupuestaria, mientras un grupo de analistas privados, reunidos bajo el manto de la Fundación Fedea (órbita del Banco de España) acaba de dictaminar lo que es voz ampliamente difundida desde hace meses, que las Comunidades Autónomas no van a cumplir sus compromisos financieros, lo que en el mejor de los casos provocaría una desviación de los gastos del sector autonómico de 4.000 millones de euros. La realidad puede, sin embargo, pintar bastante peor ya que algunas insinuaciones de los analistas dicen que en algunas autonomías se han detectado retrasos en la contabilización de gastos corrientes y en otras existe una manifiesta desviación en el capítulo de personal.
Dicho en palabras llanas, las cuentas no son muy creíbles a nivel autonómico. Y eso, que lo insinúan ya algunos analistas españoles, ha adquirido carta de naturaleza enBruselas y en algunos Gobiernos europeos, que ven cómo España se está deslizando por la misma peligrosa senda que transitó Grecia hace tres años, trucando sistemáticamente las cifras. Lo malo en la contabilidad pública es que todo se acaba sabiendo. El juego principal que practican los partidos políticos es el de hacer malabarismos mientras llega el siguiente, pero en estos momentos hay ya pocos cambios de Gobierno previstos en el mundo autonómico, como no sea el del País Vasco y el de la autonomía gallega, pendiente de fijar la fecha de sus elecciones adelantadas. La del País Vasco es para finales de octubre y posiblemente para entonces España ya esté intervenida tras haber pedido el que parece ser inevitable rescate.
La fecha de referencia, si nada cambia antes, sigue siendo la misma, el jueves 6 de septiembre, o sea, de hoy en quince días, cuando se reúna el Consejo de Gobierno del BCE para estudiar sus planes de acción. A estas alturas, el pulso entre Rajoy y Draghi parece bastante secundario, ya que es doctrina bien asumida la de que las compras masivas de deuda, como pretende el Gobierno español, no son la medicina milagrosa que todo lo cura. Sólo tendrán un efecto limitado y, sin complementos, este efecto será además temporal.
Draghi está dispuesto a ayudar pero no a gastar toda la pólvora en salvas. Rajoy tiene dos semanas para completar medidas y ofrecer cifras que refuercen su credibilidad, asunto de capital importancia para ganarse el apoyo de los socios. La fragilidad de la economía española está siendo por desgracia mayor de lo que se esperaba y esto vacía de calidad las cifras que se van a ir conociendo en las próximas semanas, unas cifras que deberían haber testimoniado la eficacia de las reformas realizadas, pero que por desgracia muestran una debilidad todavía en alza, lo que no permite hacerse muchas ilusiones sobre la eficacia del deseado, esperado y demandado programa de compra masiva de deuda española.