Nº 1164 -  20 / VI / 2013 
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El Manantial

La caza de Assange y el caso Pinochet

Pablo Sebastián
 

Si no fuera por las importantes revelaciones de Wikileaks, entre las que destacan importantes ficheros del Departamento de Estado norteamericano que dieron pie a “la primavera árabe” al emerger las corrupciones de los regímenes totalitarios del norte de África, posiblemente el caso de Julián Assange no existiría. Puede que incluso esas presuntas “violaciones” de dos “amigas” suyas con las que mantenía relaciones “consentidas” en Suecia ni siquiera habrían llegado a los juzgados.

Pero Wikileaks había puesto en jaque al gran poder oculto de los Estados Unidos (y de otros países), y amenazaba con convertir Internet en una red de denuncias sin fronteras que ponía en jaque no pocas cosas y comportamientos no democráticos de gobiernos poderosos o de infames dictaduras. Y entonces se puso en marcha la maquinaria del escarmiento, ahí incluida la petición USA para que se extraditara a Assange a Estados Unidos, para responder de los cargos de violación de secretos, lo que podría acarrearle duras penas, sin por ello descartar la pena capital.

Ahora, el gobierno de Ecuador ha concedido “asilo diplomático” en Londres a Assange y solicita un salvoconducto que le permita abandonar Gran Bretaña camino de Quito. Pero Londres –el gran aliado de USA en Europa-, no está dispuesto a ceder e incluso amenaza con asaltar la inmunidad diplomática de la embajada de Ecuador en la capital inglesa, citando una ley especial que en su día permitió asaltar la embajada de Libia cuando este país ya no tenía relaciones diplomáticas con Inglaterra y cuando además se disparó desde esa residencia contra la policía británica causando un muerto.

Y lejos queda el famoso caso de Pinochet arrestado en Londres a petición de la justicia española –por el juez Garzón (que ahora defiende a Assange) desde la Audiencia Nacional- y que al final acabó con un llamativo pasteleo entre los gobiernos de Londres y Madrid que permitieron a Pinochet regresar a su país, a pesar de que sobre las espaldas del dictador pesaban muchos crímenes y otros delitos e incluso algunos de ellos en los Estados Unidos, país que años atrás había apoyado su golpe de Estado contra el presidente Allende y tapado la feroz represión del pinochetismo. Y ¿a Pinochet sí se le salva, pero a Assange no?

Ya sabemos que la Justicia es muy permeable para los poderosos en todo el mundo, e incluso en democracias consolidadas como la británica y la americana, y no digamos la española. Pero esta vez Assange no está solo y cuenta con un gran movimiento de apoyo en Internet, por más que se esté estrechando el cerco en su contra, una vez que se teme que tenga en su poder mas documentos de la administración americana que podría hacer públicos si consigue la libertad.

 

Y no deja de ser llamativo que el Congreso americano esté tan ocupado en perseguir a Assange (“matar al mensajero”) y en tapar sus secretos infames, en lugar de condenar las oscuras políticas americanas en ciertos países y en ciertas dictaduras lo que es el fondo de la cuestión. En cuanto a Londres, convendría recordarle a Cameron la que ha sido su especial relación con un revelador de secretos, obtenidos ilegalmente como se ha demostrado, Rupert Murdoch. El dueño de sus promiscuos diarios tabloides, un asunto aún a medio desvelar por el que el “premier” británico solo ha pagado con la cabeza de alguno de sus colaboradores cuando todo el mundo conocía su “interesada” relación con el magnate editor y su cúpula empresarial.

 

Assange lo tiene muy difícil y puede que lo más que consiga sea permanecer, hasta que se canse, en la embajada de Ecuador de la capital inglesa. Pero su caso ya ha levantado una intensa y firme revuelta social, en estos tiempos de crisis en los que los gobiernos occidentales se dedican a estas cacerías en vez de trabajar mucho y mas, por ejemplo, en perseguir y cerrar los paraísos fiscales que es donde se esconde la gran delincuencia internacional. Pero claro es desde esos paraísos de dinero oculto –incluso de los Estados y sus agencias de espionaje- desde donde se financian no pocas operaciones estales ilegales, como las que ha desvelado Wikileaks bajo la dirección de Assange. O sea que lo que de verdad se busca es el regreso de la opacidad.

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