Mientras este jueves se reúne el Consejo de Seguridad de la ONU en una nueva sesión de impotencia política internacional para cortar la guerra civil en que está sumida Siria, pues la oposición chino-rusa impediría nuevamente cualquier sanción efectiva contra el régimen de Bachar El Asad; tampoco la Organización de Cooperación Islámica, reunida en La Meca, ha conseguido instrumentar sanciones efectivas contra el Gobierno de Damasco, puesto que el apoyo de Teherán a su aliado alauí lo ha hecho lo ha hecho de todo punto imposible.
Lo único que se ha logrado hasta el momento desde la legalidad internacional ha sido el texto de denuncia aprobado este miércoles por la Comisión sobre Derechos Humanos, acusando a uno y otro bando en lucha de cometer crímenes de guerra, bien que precisando el extremos de que los perpetrados por los rebeldes no alcanzan los grados, escala y frecuencia de los perpetrados por la parte gubernamental.
Será el 17 del próximo septiembre cuando el informe de este documento ahora aprobado se presente ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, como base para una actuación internacional. Esto es lo máximo que se ha logrado hasta ahora en el esfuerzo diplomático por conseguir un resultado homologable con el que se obtuvo durante la guerra civil habida en Libia; específicamente, con esa exclusión aérea impuesta al régimen de Gadafi que abrió la vía a la victoria de los rebeldes.
En el actual caso de Siria, chinos y rusos han puesto pies en pared, en conformidad con sus respectivos intereses en el problema. Los chinos, por el efecto/petróleo que les lleva a secundar el apoyo de la República Islámica de Irán al régimen de Damasco; apoyo que llega al envío de agentes propios a las fuerzas gubernamentales.
Por otra parte, los rusos siguen en sus trece por el complejo de intereses que tienen en Siria y en el propio Irán, que abarca lo propio de una alianza estratégica y los réditos del comercio de armas y la transferencia de tecnología de relevancia crítica, como los equipos nucleares. Para nudo así no parece que haya espada de Damocles capaz de darle otro condigno tajo que no sea el de otra guerra.
Tal como están las cosas, especialmente después de lo poco habido en la Cumbre islámica de La Meca, parece que la única vía para conseguir el desbloqueo internacional de la situación en Siria sería la espada damocliana con la que Israel amenaza y para la que el Estado judío viene preparándose desde tiempo atrás, tanto por la disposición de las obvias barreras antimisiles como por la prevención de los riesgos derivados de la instalación de Ezbolá en el sur de Líbano y de Hamás en el sur de su propio territorio. Pues tanto una fuerza como la otra son los alfiles del ajedrez estratégico de larga duración que los ayatolás iraníes juegan en esta partida.
Pero acaso sea lo más notorio en los preparativos israelíes el blindaje global de su propia retaguardia civil, con un refugio en cada vivienda y una coraza igual dentro de cada edificación de uso colectivo. Tiene el conflicto sirio tanto de escándalo moral por su inhumanidad como de traca geopolítica por sus potencialidades catastróficas.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
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