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Cultura

A Alaska o Almodóvar les salvó su frivolidad

David Valdehíta publica ‘Euforia’, el lado menos glamuroso de “la movida”

  • "La movida fue lúdica, festival, frívola y excéntrica, pero se llevó a mucha gente, otros se quedaron tarados, colgados a la droga o en la cárcel", explica su autor
  •   David Valdehíta publica ‘Euforia’, el lado menos glamuroso de “la movida”
    Mateo Sancho Cardiel/EFE | Madrid Publicada el 14-08-2012

    ¿Quién dijo que la movida fue un movimiento glamuroso y artístico? Euforia, primer libro de David Valdehíta, se cuela en el Madrid más canalla y drogadicto, notablemente distinto al de los triunfadores que suelen contar el famoso movimiento social y cultural de los años ochenta. "La movida fue lúdica, festival, frívola y excéntrica, pero se llevó a mucha gente, otros se quedaron tarados, otros colgados a la droga, otros en la cárcel... Han quedado los triunfadores, como Alaska o Almodóvar, que probablemente fueron los más frívolos", explica el autor en una entrevista.

    EuforiaPara Valdehíta, también productor de televisión, “Euforia” (Huerga y Fierro) es su primera novela, un sueño de juventud que llega ahora cuando las libertades han finalizado su recorrido circular y la decepción o asentamiento de toda esa generación de la movida pide a gritos una revisión.

    El protagonista, alter ego del autor, es Luis, testigo curioso y atolondrado de una época en la que “nadie iba sobrio” y en la que,a segura, “todos los barrios de Madrid tenían sus pandillas de chavales que trapicheaban, quien más quien menos, con las recetas médicas de su tía o pasando marihuana”.

    Era rebeldía no era libertad. Veníamos de la Transición y vivíamos en una legalidad deseada, no quedaba nada para la clandestinidad y queríamos estar en contra de algo. Ese hueco lo llenó la evasión, el paraíso artificial de la droga, sin la cual no habría existido la movida”, resume Valdehíta.

    Como hilo conductor de hitos de aquellos años tan reconocibles como el incendio en la discoteca Alcalá 20, el concierto de los Rolling Stones en el estadio Vicente Calderón o los dos accidentes de aviación consecutivos que ocurrieron en Barajas en 1983, Valdehíta teje un personaje ingenuo y canalla, idealista dentro de su ilegalidad y, finalmente, también romántico.

    “Luis es peculiar, por él caben todo tipo de sentimientos entre la picaresca y la nobleza”, resume el autor sobre un protagonista que pronto pasa de la venta de drogas menores al narcotráfico internacional en cuanto aparece Julián, un colombiano que introduce la sustancia soñada, la cocaína, en una España todavía pacata en temas de estupefacientes.

    Las drogas, en realidad, son el telón de fondo para una reflexión más profunda: la de la lucha por salir de la vida convencional y no sucumbir a las reglas del sistema, emblema más o menos consciente de la movida, esa época de la que el autor considera que “se ha hablado mucho pero se ha escrito poco” y que generó, por primera vez, “el orgullo de ser madrileño.”.

    “Pusimos a la ciudad en el mapa de Europa y Madrid dejó de ser un villorrio de la meseta. Era la sensación de que hicieras lo que hicieras, no ibas a estar nunca solo, siempre iba a haber un bar abierto para ti” y, en contra de lo que sucede ahora con las revueltas del 15M, “la sociedad no daba crédito y no estaba preparada para reprimir aquello. No había miedo a la autoridad”.

    ¿Qué queda de aquél espíritu en los supervivientes de esa época?

    “La vida convencional antigua era muy chunga: la familia, los modales, un cinismo absoluto. Era imposible decir a tu cuñado que era un gilipollas porque era tu cuñado. Ahora hemos ganado en sinceridad, aunque muchos siguen poniéndose hasta las trancas a diario, otros solo los fines de semana… Muchos nos hemos reciclado porque no queríamos una vida marginal y una muerte andrajosa”, concluye.

     
     

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