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Chris Butler, supervisor del equipo de “story board” de Los mundos de Coraline, escribió el guion y debutó como director en ParaNorman, una responsabilidad que compartió con Sam Fell (El valiente Despereaux), con la idea de fondo de homenajear a películas con las que crecieron en la década de 1980.
“(El concepto) es que John Carpenter (La cosa) se encuentra con John Hughes (Solo en casa)”, según propuso Butler, quien trató de que “ParaNorman” tuviera “la chispa y la calidez” de las aventuras de Los Goonies.
Producida por el estudio Laika, ParaNorman fue bautizada ya como la mayor producción de animación jamás realizada en “stop-motion”, un sistema cuyo inicio se remonta a los primeros años de la cinematografía con títulos como The Humpty Dumpty Circus (1898) y que convierte la filmación en un trabajo artesanal.
Este método requiere de la fabricación física de los decorados, los personajes y los elementos del filme que interactúan “frame” a “frame” (cada segundo de grabación contiene 24 “frames”) para generar la acción que se ve posteriormente en la pantalla.
ParaNorman, hecha además en 3D, requirió dos años de producción a un ritmo de entre uno y dos minutos de película por semana y fue pionera en emplear impresoras 3D a color para la construcción de las figuras que aparecen en el filme.
“Fue mucho más divertido que trabajar en El caballero oscuro porque tenía más libertad”, comentó el modelador méxicoestadounidense Raúl Martínez, que además de ser técnico de la última saga de Batman formó parte del equipo de Terminator Salvation y Iron Man.
“En esas películas querían que duplicaras los objetos reales lo más fielmente posible, a ParaNorman queríamos darle un estilo en el que no hubiera líneas rectas”, indicó Martínez. Unas formas distorsionadas que contribuyen a construir el mundo de Blithe Hollow, ciudad donde transcurre la trama.
Norman, el niño que da nombre a la cinta, es un joven con problemas sociales en el colegio donde le consideran un raro que parece llevarse mejor con los muertos que con los vivos pero cuya vida cambia cuando se convierte en el único capaz de salvar a su pueblo de una maldición.
“Siempre que se hacen películas tenebrosas para las familias es arriesgado”, admitió el colombiano Julián Marino, que formó parte del equipo de “story board” de ParaNorman y Los mundos Coraline.
En su opinión, la clave para que el argumento de ParaNorman no pecara de demasiado “oscuro” fue el sentido del humor, algo que diferencia esa cinta de Los mundos de Coraline que, a pesar de carecer de zombies y fantasmas, era más dramática.
Con su moralina final, ParaNorman se convierte en un alegato contra el abuso de quienes acosan a los demás por el mero hecho de ser distintos.