El Gobierno español habría empezado los sondeos con las autoridades de Bruselas para valorar las “condicionalidades” que tendrá que cumplir de lo que será el “Gran Rescate” si utiliza, como le ha aconsejado el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, para que acuda al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y al MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) para la compra de deuda como única fórmula para que baje la prima de riesgo y pueda encontrarse una financiación razonable y asequible a su problema de deuda pública.
Esa petición de rescate, que supondrá un duro golpe para el presidente Mariano Rajoy y su Gobierno, tendrá serias consecuencias políticas porque, entre otras cosas, se originará un movimiento para que dimita el presidente, algo difícil de conseguir ya que tiene la mayoría absoluta del Parlamento desde hace solo ocho meses y aquí como en Italia o Grecia no hay ninguna opción para una salida tecnocrática a lo Monti o a lo Papademus.
El “Gran rescate”, o “rescate blando” porque no sería igual que el de Grecia, Portugal o Irlanda, se produciría cinco años después de que estallase la crisis económica con las hipotecas suprime o hipotecas basura, que según las autoridades españolas de entonces, no iba a tener ninguna repercusión en nuestro país y en pleno crecimiento económico por el sector inmobiliario, afectado de lleno por esas hipotecas sin suficientes garantías.
A estas alturas, es difícil creer que en 2007 España cerraba sus cuentas públicas con un superávit del 2,23 por ciento del PIB (el año pasado se cerraron con un déficit de casi el nueve por ciento), el segundo mejor saldo de los países de la zona euro después de Finlandia, un autentico record ya que solo cinco países de la eurozona entre los que no estaba precisamente Alemania, el país guardián de la estabilidad presupuestaria, registraron superávit. El peso de la deuda pública sobre el PIB era, entonces, el 32 por ciento. Este año ese porcentaje será en torno al ochenta por ciento, por debajo, todavía, de la media de los países de la eurozona.
Un resumen de urgencia de algunos datos da cuenta del deterioro de nuestra economía, que está viviendo el peor momento desde la autarquía impuesta por el régimen del general Franco inmediatamente después de la guerra civil española. Una crisis que, además, es global, la primera crisis económica global que vive el mundo, que se ha extendido como una pandemia a las economías más sólidas y fuertes y que en España está haciendo estragos, amenazando el Estado de bienestar y haciéndonos retroceder en un status social y económico que no volveremos a recuperar, según los expertos, hasta por lo menos 2025.
Hace cinco años, cuando comienza de hecho la crisis, sin que las autoridades sean capaces de detectarla, y que posteriormente se agrava en 2008 , con el hundimiento del banco norteamericano Lehman Brothers, cuando estuvo a punto de colapsar el sistema , España estaba creciendo al 3,8 por ciento (ahora estamos en recesión con un crecimiento negativo del 0,5 por ciento), la tasa de paro era, sobre todo por el “boom” de la construcción del 7,95 por ciento (ahora es el del 25 por ciento, la más alta de la Unión Europea) el Ibex 35 de la Bolsa estaba en los 124.802 puntos (ahora pasa ligeramente de los 7.000, con unas pérdidas de 262.000 millones de euros); la prima de riesgo estaba en once puntos (ahora hay días que ha superado con creces los 600 puntos), se construían, entonces, en un solo año 760.000 viviendas , casi cuatro veces más de lo que se está construyendo ahora, se vendían el doble de coches que ahora y el sistema financiero, en pleno rescate, ha reducido sensiblemente el número de Bancos y Cajas de Ahorros. Estas últimas han desaparecido al convertirse en Bancos y están a la esperas de la ayuda que llegue de Bruselas con sus correspondientes condiciones.