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El ministro del Interior, Mostafa Mohamad Nayar, ya había advertido el domingo que el estado crítico de muchos de los heridos podía hacer crecer el número de víctimas mortales. Además, comentó que las zonas donde se han registrado los seísmos son muy frías en invierno, por lo que se deben adelantar los trabajos antes de la llegada de esa estación.
Solo en la ciudad de Ahar, 45 personas han perdido la vida y más de 500 han resultado heridas, de acuerdo con la agencia de noticias estatal iraní IRNA. Así, las autoridades iraníes no descartan que estas cifras vayan en aumento con el transcurso de las horas.
En total, unas 110 aldeas de los distritos de Ahar, Varzagam, Haris y Mehraban han sufrido graves daños, 60 de ellas de más del 50 por ciento y al menos doce han quedado totalmente arrasadas.
Según el Centro Sismológico de Irán, el primero de los seísmos, de 6,2 grados Richter, tuvo lugar el domingo a las 12.23 GMT y se sintió con fuerza en la ciudad de Ahar, y el segundo, de 6,0 grados Richter, 11 minutos después, sacudió la población de Varzagan, a unos 38,4 grados de latitud norte y 46,7 grados de longitud este.
Irán se encuentra en una zona propensa a los terremotos debido a la presencia de varias fallas sísmicas. El terremoto más grave de los últimos años fue el registrado en la región de Bam (sureste) en diciembre de 2003, en el que murieron unas 31.000 personas.
Más grave aún fue el seísmo que en junio de 1990 acabó con la vida de unas 37.000 personas en las provincias de Gilan y Zanjan, en el noroeste del país. Este seísmo, de 7,7 en la escala de Richter, destruyó 27 ciudades y unos 1.870 pueblos.